Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 2 de mayo de 2008

Fealdad desesperada




Una desesperada fealdad puede sobrellevarse en la niñez, la adultez o la vejez, quizá. Hasta puede reconvertirse en otros atractivos: una seductora simpatía, una sofisticada inteligencia, una pasión arrolladora, pueden, en ocasiones, hacer nacer a la mujer de la joven fea. Sin embargo, concibo pocas cosas tan crueles como una adolescente completamente fea. Esta situación anula hasta mi apresurado axioma que dice que la juventud siempre es bella. Como si no alcanzara con esta injusticia de la naturaleza o la genética, se le viene a sumar a tal desintelgencia y despropósito la morbosa crueldad de las compañeras.
Me acuerdo de M.: allí, sentada en el aula, rodeada de las lindas y las exitosas (y por eso aun más sola), que eran como gallinas cocoreando de pura maldad. Ella, desafiando los límites de su cara imposible y de su cuerpo indeseable, se acostó con un tipo y lo contó a los cuatro vientos. Los trece o catorce años de las otras se excitan y se regodean en el detalle, torturan a preguntas, castigan, señalan y se burlan de la fea, como un corro de demonios desatados. M. quizá también, a su modo, goza. Por fin ha logrado hacerse visible entre sus pares. Hasta ese día, entraba al aula con la cabeza gacha, ocultando una nariz que se le pegaba a la boca, recogiéndose el magro, crespo e indisciplinado pelo con hebillitas a la moda, como para parecerse a las demás.¿Cómo entra? ¿Cómo sale? ¿Te dolió?, insisten las muy yegüas, y se tapan las boquitas perfectas pintadas con brillito rosado, para que ella no pueda evitar ver cómo se burlan, pero como si intentaran ocultarlo.¿Dónde lo conociste? ¿Estás de novia?, cacarean las muy perversas, exponiendo su desconfianza de que alguien pueda quererla, sabiendo de antemano que un turro se aprovechó de la fea.
Deseo que haya algo de justicia y que estas gallinas desvergonzadas, gozadas sin haber gozado jamás, caminen por ahí portando excesos de grasa y de arrugas y se crucen con un M. sonriente, que camine de la mano de un hombre tan bello como las ganas de gustar y ser amada de una adolescente fea.

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