lunes, 16 de abril de 2018

Un mar cargado de futuro

Mira este cielo estrellado
Y se pregunta si Andrómaca habrá mirado un cielo parecido, un mar cargado de futuro
una aurora preñada de deseo
antes de la caída.
Mira la noche que se traga el tiempo con la voracidad de una mujer cien mil veces desencantada.
Y piensa que sería muy feliz si tan solo pudiera dejar que las piernas se balancearan en el aire, ahí, en el muelle
Sabiendo que el hijo está bien
Y todo lo demás balanceándose sin pensamientos.
El mar, el balanceo, la noche.
Y que la finitud no fuera tan real por un instante.

jueves, 12 de abril de 2018

Olas y mosquitos

La inconsistencia de algunos vínculos nos lleva a inventarlos con excesos de barroca imaginación.
La mirada de una niña puede ver frondoso follaje donde solo hay ramas deshojadas y soñar que anidan allí pájaros de exóticos plumajes.
A este mirar viendo más de lo que hay algunos la llaman paranoia y otros idealismo.
Eso no importa.
Turner
Turner
El mar es caótico como el amor y sin embargo es el único orden posible para mí.
Y aun así, a todo eso lo llamamos olas.
Que a tu falta de empatía y de ternura, o a tu pavoneo narcisista se agregue mi paranoia barroca, no te vuelve menos cruel a vos. En todo caso, me vuelve a mí menos astuta.
Pero también precipita que lo que podría ser un dolor se convierta en un cosquilleo, como la molestia de la picadura de un mosquito, que pasa rápido y se olvida antes del amanecer.
Porque yo te vi.
No juzgo.
No adjetivo más.
Pero te vi. Caído de la ola y allá arriba.
Desplegando tu plumaje que parecía de oro y azules una tarde de sol y tormenta en un campo inventado por un escritor del siglo XlX.
Te vi también como un gallito desplumado en una riña sin sentido, haciéndose notar para no perderse detrás de esas verdades que son como cuchilladas.
Yo te vi.
Vos nunca me viste porque no me miraste.
Demasiadas palabras para tan poco amor diría alguien que sí me ve.
Siento el olor del mar y su llamado

                                              La voz de un capitán que me estruja el corazón
Me voy a navegar porque ya es hora y todo lo inventado se vuelve viento que infla velas para nuevos viajes.
                           Después vendrá el océano,
                           después la noche,
                            después, en una playa en un fogón,
                              llegará el beso que borre los besos del pasado.
Las olas van y vienen siguiendo alguna clase de ritmo y melodía dispuesta por dioses antiguos del mundo dionisíaco: dibujan surcos en la arena, roban cuerpos, alojan a criaturas fantásticas, provocan éxtasis de alegría, pura vida; se llevan la basura de las ciudades hasta el vientre de los corales más exóticos, elevan al bello surfista de torso dorado al nivel del vuelo, se convierten en tsunamis que todo lo arrastran.
Turner

martes, 10 de abril de 2018

Espalda alejándose

Muchos años pasan y viene y me cuenta que alguna vez estuvo enamorado de mí.
Me habla de una blusa azul y de una tarde en Berisso. De un ensayo y de un viaje en tren. De un baño con baldosas en damero, de una borrachera formidable y de una imagen de mi espalda alejándose junto a otra espalda.
Yo no recuerdo esas escenas y tampoco le creo el asunto del enamoramiento.
No es la primera vez que me confiesan algo así.
Pero sonrío porque parece sincero.
Son tantas las veces en que nos vemos sin mirarnos y tantas las formas en las que la vida se encarga de cachetearnos, pienso, que casi todo su relato puede ser verosímil.
Me quedo viendo sin mirar otra espalda alejarse, y me duele en el estómago y el pecho esa nueva distancia.
Todo es distancia algunas tardes otoñales.

domingo, 8 de abril de 2018

Flor de río

Otra vez el desierto, otra vez la sed, otra vez caminar con el cuerpo engripado intentando ganarle batalla al cansancio y al tiempo.
Estudiar como para no perder la fe y estas ganas de llorar por tantos motivos que ya no sé si es llanto o lluvia que se me ha metido en el cuerpo.
Y una tonelada de vidas desperdiciadas y está maldita conciencia de finitud.
Como la flor del río de los pobres, que a todos sorprende por su efímera belleza inesperada: así intuyo que volverá el amor cuando dejemos atrás este nuevo desengaño para el montón que forman nuestra colección.
Pero dejemos un poco el tango (te volviste tango, lluvia, se fue el verano), bailemos un rock & roll, olvidemos todo de una vez, tengamos sexo como si fuera un pogo de juventud.

Por eso bailo aunque ya mis piernas no me sostengan.
Por eso resigno paz para soñarte a vos.
Porque hasta el último aliento
y el último síntoma
de este lado es mi pelea.
Y no del lado de los mudos muertos en vida.

sábado, 7 de abril de 2018

Veneno y dulzor

No duermo.
El extravío de madre se me instala en la contractura.
El dolor de N me paraliza de espanto.
No duermo.
Azotes de terror sacuden el país que se rebeló contra la esclavitud durante unos años: los esclavos resisten, los amos golpean, su látigo es dulce como un veneno edulcorado para engañar a los paladares incautos.
Casi todos beben el cáliz, incluso, pagan por hacerlo, y claro, pagan por hacerlo.
El primer pago es con dinero que ganaron trabajando con su cuerpo y su mente, el segundo pago les confisca alma y corazón.
No duermo.
Trabajo.
Cuido tu extravío, madre, vos a tu modo cuidas el mío. Somos madre/hija, hija/madre.
Estrago y amor.
Veneno y dulzor, e incluso, algunas risas.
Trabajo, corro, limpio, composteo, pinto la pared, subo al micro, subo al auto, subo a la bici, bajo, bajo al sueño, , bajo al descanso y al insomnio, doy una clase, escribo, alimento a los animales, a hijo, hijo me alimenta a mí, hago compras, me paro bajo las candilejas en el escenario donde montamos las escenas que actuamos comprometiendo todo, y también las otras, las que ni otros ni nosotros creemos.
Es agotador ser una misma.
Y más agotador es no serlo.
Es agotadora la literalidad de algunas lecturas e interpretaciones, es agotador tener que pedirle a la metáfora que se vista de rendición de cuentas de un contador de monotributistas perseguidos por los liberadores de bigger evasores.
Es agotador tratar de enamorarme de vos.
Impostura: pan para hoy, cinismo gélido para mañana.
Prefiero esta bola de ansiedad y síntoma.
Me cruzo con alguien que quisiera abrazar y entonces lo abrazo, sanseacabó.
Cuando me desplomo, mis amigos me juntan del piso y me clavan con alfileres a algún pilar de los que me gustan, o de los que hay disponibles.
En los pasillos de las escuelas, las fábricas, las oficinas y las facultades alguien sembró mucho: germina el amor, y algunos rencores y celos también pululan por ahí. Hay que andar con los brazos abiertos, y un escudo protector.
Si se perdió un dedo, abrir las manos para abrazarlos a todos.
Si se avecina una catástrofe: leer una buena novela y escuchar una buena canción.
A madre le presté una novela el domingo, como casi todos los domingos, y ayer todos me hablan de esa obra: ¿será que nos une una buena y bella historia que nos permite resistir a la fealdad y al espanto?
Me gustan los raros peinados nuevos.
Me gustan los pibes punk y no los obedientes.
No duermo bien, y así, deambulando, paso por tu casa y ya no sé por qué tenía tantos deseos de verte hace unos días.
Ahora es otra fachada más, y las vidas de ahí adentro me son extrañas.
Quiero librarme de algunas canciones y algunas imágenes y algunos olores y de tu voz susurrándome al oído las mentiras que decimos para poder amarnos un rato en una siesta robada a todo este esfuerzo.
También quiero a un hombre que vislumbré en un sueño los otros días.
Y librarme de los hombres pesadilla.
Decreto que este es un punto final.

lunes, 2 de abril de 2018

Mi Semana Santa

Jorge viajó a su morada, volvió y partió, porque estamos viviendo, siendo, viajando, naciendo y muriendo.
Estuvimos allá sin estar pero estando.
Neuquén, la Luna, valle sagrado, montaña, siempre río y siempre lago.
Y todos volvemos al mar de alguna forma.
Mi Semana Santa.
Están matando pibes en Argentina y en Palestina.
El carpintero guerrillero que dio la vida por los pobres renacerá, quiero creerlo.
Lo necesito.
Ocho meses sin Santiago.
Semana Santa.
Santa por la sacralidad de la vida y la amistad, del amor y lo común, comunión, comunidad.
Risas con la Juli, la Natiushka, en lo de mi hermana amiga Zuky. Hay niñas cuyas miradas frescas de todos modos saben viajar en el tiempo.
Hay fiesta aunque haya otros rituales de recordación, despedidas, homenajes, a los que se fueron antes que nosotros, a los que se fueron por nosotros.
Cumpleaños de mi hermana, parte de mí, hermanadas en encuentros y desencuentros, en dolores y alegrías, y léxicos familiares. Nunca en el odio, aunque existan muchas tribulaciones.
Cumpleaños del amigo querido del que estábamos lejos.
De repente entre asados y vinos, entre chicos que juegan juegos de todas las edades de la infancia y la adolescencia, viajamos también nosotros en el tiempo y se nos caen los nombres de nuestros padres y madres que murieron demasiado temprano, de los maestros y amigos que partieron dejándonos más guachas aun, porque cada dolor y cada ausencia curte la piel pero igual sangra.
Aunque, miramos el aguaribay,
el sauce o el fresno, intuimos el follaje del ciruelo mecido por el viento de la tarde que anuncia el otoño.
Y tememos todavía a las lluvias inunda ciudades y mata vecinos.
Tememos.
No hubo colibríes pero hubo mariposas en la ligustrina.
La sombra de los ausentes ya nos sigue hasta en los sueños.
Lloramos pero igual nos abrazamos y nos reímos y adoramos estar juntos de nuevo.
Sabemos que la vida es escurridiza y que hay esos instantes, esos donde podemos olvidar las viejas riñas, algunas injurias menores (todo no, todo nunca), reírnos de habernos querido tanto entre tantos...ver crecer a los hijos propios y ajenos.
Amar.
Rezar a mi manera.
Decir en voz alta como chiste y desafío de sobremesa familiar: voy a hacer pis, para indignar a los hombres pudorosos que nos asan bondiolas que son amor, mientras nos dejan chusmear hasta que nos dejan de doler un rato las inconmensurables ausencias.
J se ríe como si todas tuviéramos veinte.
Fuimos al río sin orillas, del lado de los pobres y fantaseamos viajes a Turquía y a Sicilia. La Luna nos sedujo el alma y los corazones añoraron esos días en los que había romances como de telenovelas.
L me regala la cura con sus manos sabias.
Fumamos unas flores para descansar mejor y no olvidar que fuimos música y poesía y podemos volver a serlo.
Otra L también sabe del dolor de ya no ser, y su voz quebrada me parece que llega desde un espejo.

Vos creés que soy críptica y loca.
Yo creo que te digo claramente lo que sueño despierta pero sos un poco pelmas y sordo y mudo, y pétreo.
Mi Semana Santa.
Pesaj, Pascua de Resurrección, de esclavos a libres, se logra luchando y resistiendo, recuerdo tu increíble lucha y resistencia por vivir.
Me quedo con eso.
Me hablan de alguien a quien amé, bajo la pérgola de aquel paraíso en el que desde la adolescencia nos hemos estado encontrando.
Te perdono, me perdono, nos perdonamos.
Todos con todas, dice uno.
Reímos.
Así era en los días juveniles y rockeros en la ciudad donde hubo tanta muerte.
¿Será por eso que necesitamos tanto sexo en los 80 y los 90, para compensar tanta muerte de los 70 en la bendita La Plata? ¿Para probar que estamos vivos, que no nos han vencido?
Vendrá otra noche, no será con vos, pero a esta altura ya sabemos que este dolor también pasará. Dejará cicatrices, las marcas del esperma que no hace cultivo.
Un día nos sentaremos cerca en alguna fiesta y levantaremos la copa y brindaremos por lo que fue y lo que no fue y por haber vivido intensamente.
Mi Semana Santa.
De esclavos a libres.
Y no al revés.

jueves, 29 de marzo de 2018

Mudos

Todos los oráculos lo anticiparon, y las canciones también.
Pero aunque se viaja en máquinas del tiempo con piezas oxidadas, se busca tercamente renacer en nuevos planetas con mecanismos renovados.
Si fueras sol, seríamos verano.
Pero te vas poniendo invierno y la nave se hunde en un océano sin peces y sin palabras.
Hombres estatuas mudos, serán cubiertos de arena en desiertos olvidables.
Quedarán los poetas.
Pero yo sigo - ¿audaz o suicida?- esperando una palabra que disipe las nubes.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Amores pantallita

A veces las redes sociales nos crean la ilusión de que mantenemos una relación con alguien cuando en realidad sólo nos vincula nuestra fantasía.
Y vos dirás, pero bueno las fantasías, como una buena novela, o serie, o película, también son una parte fundamental de nuestra vida sentimental, psíquica, tan importante como la 'realidad".
Y sin embargo, algo profundo está cambiando en nuestra subjetividad. ¿Ya no podemos hacer los duelos?
Nuestros seres queridos siguen ahí incluso después de muertos, advirtiéndonos de sus cumpleaños, y otras cosas en las cuales los vivos solamente participan.
En las redes las relaciones parecen elásticas, pueden vivir o estirarse después de muertas y al inmenso vacío que sobreviene, por ejemplo, al final de un amor, se lo rellena con stalkeos y conclusiones absurdas pero verosímiles en el reino de la imagen pantallizada del feliz universo virtual.
Y las pieles que duelen por las caricias que ya no son, o los oídos que añoran las voces que ya no suenan, se adormecen anestesiadas por la luz y los colores, los ojos que parecen mirarnos aunque ya hace mucho que dejaron de hacerlo.

martes, 27 de marzo de 2018

Poetas del siglo viejo

"Sucedió entonces lo que nadie quiere entender. 
En ese botarate provocador me vi como en un espejo y me dio vergüenza. 
No sentí miedo; acaso de haberlo sentido, salgo a pelear".
(JLBorges, "Historia de Rosendo Juárez")


R, que es de una lucidez y erudición extraordinarias, señala que los poetas y prosistas de la generación del 37, y sus vecindades (agrego yo) huyen de la ciudad que empieza a volvérseles extraña cuando la "chusma" que baja de los barcos los "invade".
Corto maltés, Hugo Pratt
Unos huyen hacia el campo, otros a la selva, como Quiroga, otras al mar, como Alfonsina. R lo dice de una manera tan graciosa que merecería un gag en alguna comedia, si es que algún día la historia argentina se puede contar en tono de comedia y no de tragedia.
Borges, dice R, que no sé si está citando a Horacio González o a algún otro, o a sí mismo (tampoco importa), huye al siglo XIX.
Y claro, es ahí donde con frecuencia también a mí me lleva una nostalgia que incluso no me pertenece del todo, sino que es heredada, sobre todo, de la lectura.
Porque hay que ver que ya a esta altura soy más del XXI que del XX y sin embargo, fueron Dickens, Louise M.  Alcott (¡los dioses nos perdonen estos caprichos de infancia y juventud!) London, Poe, Dostoyevski, Tolstoi, Mc Cullers, Proust, Flaubert, Mary Shelley, mis primeros amores literarios, quienes despertaron esta anticuada pasión por la novela decimonónica o del joven siglo "nuevo",  tan olvidada, e incluso, vapuleada injustamente las más de las veces. Eran los habitantes de las bibliotecas legadas por abuelos y tíos abuelos, venidos de aquellos tiempos de lecturas en papel y vidas sin televisión.
Incluso en el cuento y la poesía, en los que tempranamente mi mundo fue habitado por obras más contemporáneas (sobre todo, ciencia ficción, género negro y grandes cuentistas argentinxs), incluso allí me siento más en mi tiempo, quizá porque Rafael Alberti, Hernández o García Lorca poblaron también aquellas lecturas de infancia.
Hasta en los cómics me siento más cómoda donde hay cierto "clasicismo" que me invita más, un Corto Maltés....Oesterheld&Breccia...

No al Martín Fierro de la Vuelta, sino al otro, insiste R.

R dice de memoria a Borges, a varios Borges, y se le nota en el gesto la apasionada admiración que siente tanto por el joven Borges, anarquista y cercano a Jauretche, como por el maduro, conservador, genio entre los genios y a la vez, convertido por su propia decisión en el poeta de los liberales conservadores argentinos y tan políticamente del lado de los enemigos del pueblo.
Borges se ha colado en la clase donde estaban Simmel, Nietzsche, y otros alemanes, y sobre todo Rousseau y algún que otro francés, inglés, suizo o italiano, por lo que se ha colado también un rato Darwin.
Pienso en Maquiavelo y en César (en Julio y en Borgia), príncipes de nuevos mundos y cambios de época, grandes conductores: uno con virtud y fortuna duraderas (hasta los Idus de marzo al menos), el otro con más virtud (virtú, como energía vital) que suerte.* Ambos latinos, de una Italia que todavía no era pero que se puede adivinar si tiene razón Borges y el futuro también ya está escrito.
Pienso en Bolivia y sus miles de lenguas que reconocidas y libres, aun así (o quizá por eso mismo) hacen nación, entonces quizás la idea de lengua y nación de Ernest Renan pueda ser correcta para la Europa occidental pero no para nosotros, que poderos pensarnos enlazados por lo diverso y tal vez hermanados por los mundos perdidos, arrasados, y lo porvenires soñados colectivamente por nuestros pueblos hoy, en canciones y lenguas que estamos siendo y diciendo.
Entonces en América Latina es siempre a nuestro modo. Puede haber nación sin una lengua única, porque la lengua única acá nos recuerda la opresión de una u otra forma. Nos nombraron, hacia atrás y hacia adelante, para hacernos ser lo que no somos y en una lengua que tuvimos que reinventar una y otra vez.
"La lengua" oficial siempre es de ese amo dominador, violador, machista, explotador...pero es también nuestro cuchillo para dar las batallas de las mujeres guerrilleras y guerreras, de los hombres que no quieren vivir en cuclillas sino cabalgar las pampas y trepar las montañas, orillar los mares a la carrera, ser libres y no solo esclavos en las fábricas de los hijos de los conquistadores.
Ilustración de Alberto Breccia para "Historia de
Rosendo Juárez",
 de Borges

Y pienso que vos también a veces, como Borges, quisieras huir no sé si al XIX, pero al menos quedarte a principios del XX. Borges, que es su propio personaje y uno de los mejores que ha creado, le canta al gaucho rebelde y anarquista, cuchillero, portador de esa libertad salvaje y primaria que los grandes poetas románticos reconocen como materia prima para sus poemas.
Y es allí (no en el viaje, si no en el sueño, no en el propósito, sino en tu afán) donde yo veo tu mejor versión.
Pero la veo ahora, en este presente, y considerando que hacés un esfuerzo para que tus peores versiones oculten aquella que nos podría llevar al viejo siglo donde se podía querer sin presentir.
Y esto podría convertirse en un  chiste si lo contara Borges, pero lamentablemente lo cuento yo, así apurada, para no olvidarme de algunas cosas que sin escrituras y sin lecturas nunca serían.

* Esta concepción de la virtud renacentista la tomo de un texto de Althusser, El único materalismo, citado por Horacio González en Traducciones malditas. La experiencia de la imagen en Marx, Merleau-Ponty y Foucault, Colihue, Buenos Aires, 2017.

domingo, 25 de marzo de 2018

Vagabundos

No pude.
Pensé que podría, que lo lograríamos al bajar la cuesta, que el problema era la subida y todo eso.
Eso de cargar mochilas tan pesadas y tan pensadas, los huesos que ya nos traicionan seguido y los rumores, que ensucian hasta un cálido abrazo inofensivo.
Soy tan experta en sostener lo insostenible... Creo que es en lo único en lo que soy buena.
Puse a rodar mi imaginación, que es como un motor a vapor bien alimentado por el combustible de lecturas y canciones, capaz de hacer de dos sonrisas, tres palabras y un par de polvos una epopeya, dos tragedias y, si me agarra bien plantada, una comedia liviana para las tardes de domingo.
Se habló demasiado.
Mis voces viejas y mis voces nuevas intervinieron, se escribieron a través de estos relatos miles de historias que son parientes entre sí porque toda voz humana expresando sus anhelos lo es si también hay evocaciones a  mundos pasados y porvenires.
Había bosque, música para camaleones, canciones revolucionarias y melodías pop. Novelas de ciencia ficción, cine de los mejores. Pero nada de eso es cierto, todo fue como un teatro donde puse mis personajes y allí jugaron sus juegos de drama, tragedias y comedias.
Nada place más a los hombres que tildarnos de locas cuando gritamos o denunciamos, cuando rogamos, cuando nuestro dolor y nuestro amor no se bancan el corset de la buena y correcta burguesía contemporánea.
Sabina en el loquero seducida por Jung, Andrómaca eternamente gritando junto al muro de Troya por su hijo y su marido y su padre y su hermano.
Julieta flotando precipitada por no poder obedecer a su padre y amar al joven Hamlet al mismo tiempo.
Las locas de la plaza, de allá, de acá.
Locas de amor, locas de histeria, locas por decir lo que los hombres no soportan escuchar.
Loca me dice mi hermano, mi amigo, mi esposo, mi amante, mi hijo, mi médico, mi maestro, mi carnicero, mi jefe.
Sobre todo, mi carnicero.
Mi padre si estuviera vivo tal vez me diría loca también, aunque sería para reírse un buen rato. Él a su modo siempre prefería el amor al estigma.
Ahora estoy más liviana y percibo el absurdo de esto, lo no-nuestro.
Vos, vos y vos, ¿qué extraña locura (ahora sí, es locura) me hizo sentir abismos cuando todo era llanura, repetición de horizonte, más de lo mismo?
Paso a media cuadra del pasaje/ paisaje de Proust donde tuve un amante que siempre olía a té y a aromas orientales, y escuchaba a Brian Eno, que sonreía plácido al abrirme la puerta y por el que se me aceleraba el corazón y sólo quedan palabras que parecen hormigas sobre la pantalla luminosa, y su foto de perfil en las redes sociales quiere parecerse a él pero ya es muy otro. Deshecho, lejano, perdido en el espacio.
Esto también se va diluyendo, esto se desmaterializa como si las condiciones atmosféricas fueran de otros mundos. El viento del otoño barre mi espíritu veraniego de fuego y ganas de inventarte.
No quedarán más que palabras que pueden confundir y hacerle creer a alguien que fuimos más de lo que fuimos, y otros de los que somos. Palabras que tal vez nos hagan ver como héroes y heroínas, como amantes felices cuando apenas somos vagabundos deambulando sin sentido.