Último verano en Stalingrado, novela

jueves, 25 de agosto de 2016

Uróboros

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Me pregunto algunas noches cómo hace para conocer a otros alguien que no ha leído a Proust; cómo se ama en la infancia sin Dickens, más luego sin Tolstoi, sin Flaubert, sin Silvina y Bioy,
cómo puede entenderse América Latina sin Bolaño, sin Walsh, sin Parra, sin Vlady Kociancich
cómo pensar la poílítica argentina sin Marechal, sin Sarmiento, sin Cortázar, sin Borges, sin Walsh,
la belleza de la soledad y el abandono sin Silvina,
y así podríamos seguir mordiéndonos la cola
los que andamos encendidos y apenas podemos ocultarlo
con esta llama que quema de adentro y arrasa el afuera de la
comodidad burguesa y la
(ansiada, imaginada, deseada, siempre postergada) calma.

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