Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 23 de marzo de 2015

Charlotte Perkins Gilman, el gótico y la locura femenina

"John no sabe lo que sufro. Sabe que no hay 'motivo' para sufrir, 
y con eso basta."
(Charlotte Perkins Gilman, El papel de pared amarillo)


Cada tanto un libro que hemos leído años, quizás décadas atrás, nos reencuentra de manera supuestamente accidental. Así ocurre con una edición de cuentos góticos de la literatura norteamericana que tenía, Cinco mujeres locas, Lumen, 2001, con una interesante introducción de Miquel Berga. 
Y me pongo a leer, tal vez para encontrar en los cuentos un refugio para la angustia que causan los dolores de las amigas, esas mujeres locas de estos discursos médicos cerrados, rígidos, obtusos, moralistas, condenatorios. Encerradas en cárceles de enfermedad y sufrimiento, enfrentadas por ese autoritarismo -tal vez con rasgos de machismo-, justificado por un saber supuestamente científico, que no sabe mucho más de lo que sabe. Pero incapaz de reconocer su no saber.
Este cuento inquietante de Charlotte Perkins es de 1892. Hay en su relato, al parecer, algo autobiográfico, ya que la propia autora había sufrido una depresión post parto que llevó a que la sometieran a lo que entonces se llamaba una "cura de descanso": encerraban a la mujer, la aislaban, la privaban de su actividades productivas, la obligaban a comer y dormir lo más posible y permanecer en la cama, inmóvil. Supervisada y controlada por un esposo médico paternalista...
Fuente imagen
En el cuento, el esposo, John, para que se reponga de sus síntomas (anorexia, insomnio, en verdad, angustia, ella llora a escondidas todo el tiempo, nos dice) la lleva a vivir a una casa de campo aislada. En lugar de dejarla habitar un dormitorio en planta baja que ella desea, él le impone uno en la planta alta, para que reciba más aire y beneficios en su salud. Allí, ella comenzará a obsesionarse con el dibujo del empapelado amarillo, que primero le causa rechazo (está desgastado, es feo, está roto, tiene un amarillo decolorado por el sol que causa repulsión) y luego fascinación. Descubre que detrás del empapelado habita otra mujer...Y sospecha que la influencia del empapelado sobre la criada y sobre su esposo es muy malsana.
Pero nadie la escucha.
Ella escribe a escondidas y es en la escritura (en la palabra de la que el Saber no se burla) donde encuentra alivio. Donde, digo yo, puede dar lugar a su deseo sin la censura opresiva del esposo-médico.
A John, el esposo médico de la sufriente y sumisa narradora de este cuento de Charlotte Perkins, "le produce un horror intenso, y se burla abiertamente en cuanto oye hablar de cualquier cosa que no se puede tocar, ver y reducir a cifras." Horror. 
Ese sentimiento no parece ser muy "racional", se horroriza, lo desconocido le provoca ese horror, la mujer le provoca horror, el sufrimiento angustiado de ella, que no quiere someter su deseo (de ser madre y esposa sin renunciar por eso a la escritura, como él pretende)...John, me atrevo a decir, tal vez está más esclavizado que la propia narradora. Quedan afuera de su mundo de sentidos no solo la mujer que ama  (y la mujer en general) y sus sentimientos, sino también, me atrevo a decir, todos los saberes que podrían ayudarlo en su profesión, el arte, la religión, las ciencias del alma.
Desconfía de las palabras con las que la mujer que ama le intenta explicar su sufrimiento, y se burla. 
Es incapaz de preguntarse si no será que es él quien carece de un vocabulario adecuado, o una lógica capaz de comprender un discurso diferente al propio...Y entonces sobreviene la negación: no hay causa para el dolor de ella, porque no hay nada en el cuerpo, aunque incluso en este caso es la ignorancia del saber médico en sus propios términos, que todavía desconoce bien los mecanismos hormonales femeninos. 
No hay causa (o él la desconcoe), entonces, "sufre de los nervios", es una "histérica", "no tiene nada", "finge", miente....
fotografía de Frances Benjamin Johnston (h. 1900)..
Y mientras la literatura se fascina con lo gótico, con lo sobrenatural, como lo hará después Poe con el terror en la psique, y más adelante el cine y la ciencia ficción, el discurso médico (en general, con excepciones, por supuesto) permanece sordo y mudo, porque no tiene palabras para habitar esos mundos, y los rechaza, horrorizado.

Según la Wikipedia: Charlotte Perkins Gilman (1860 – 1935) "fue una destacada socióloga, novelista y cuentista estadounidense, que además escribió poesía y obras de no ficción, e impartió conferencias para la Reforma social. Durante un tiempo fue una utópica feminista cuando sus logros eran excepcionales entre las mujeres, y sirvió de modelo para futuras generaciones de feministas debido a sus ideas y estilo de vida poco ortodoxos...."

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