Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 4 de enero de 2013

Te lo dedico

Parece que la cosa fue más o menos así.
I
El tipo era medio de poeta, medio pavote. Los dos eran muy jóvenes.
Ella iba por la vida con ese desparpajo que da la certeza de sentirse bella, atractiva. La juventud. El, caliente como todo pibe, solapado como todo fóbico.
Le dedicó un libro de poemas.
Se lo dejó en la puerta de la casa.
Milo Manara, fuente
Algunos eran muy buenos.
Otros no.
Y ella a cambio no le atendió más el teléfono.
(Era una mundo sin sms ni abundancia de mail).

II
Estuvo ese otro que le escribió, para ella, dijo, una novela. Era buena. Tenía unas escenas eróticas inspiradas en las fantasías que ella le despertaba.
Le dieron asco. "Pajero", lo descalificó al hablar con una amiga.
Fin de la historia.

III
No faltó el guitarrista amateur.
El prosista esforzado.
El batero que pelaba tubos en su homenaje en un escenario dark.
El fotógrafo aficionado.
El profesor quesitequedasunratodespuésdeclasetehagoundesarrollodeesepunto
(Que no fue el Punto G, ni de lejos.)
¿Qué chica no los tiene?
Digo, los admiradores creativos, artistas, poetas, músicos, dibujantes.
Que te dedican esto y aquello (sobre todo aquello)

IV
Pero está ese otro.
Que nada.
Ella se acuesta con él. Muchas veces (casi siempre que él quiere).
Le "entrega" todo.
Le hace el show completo, hasta disfraces, juguetitos, ponele.
El es un poco conocido. Talentoso. Le dedica unas obras a Esta y a Aquella, sabido es.
Pero a ella nada.
Ni una insignificante paja.

V
El amor es injusto.
El arte no paga.


3 comentarios:

roxana brandt dijo...

cruda y triste realidad....

Palabrascromáticas dijo...

esa extraña cosa llamada amor

Diana dijo...

Está bueno. Me gustó el estilo.Te hace pensar en a que le llamamos amor, deseo y eso es bienvenido.