Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 4 de abril de 2008

Insoportable realidad

Yo, la reina de las indecisas (qué casualidad, indecisa rima con imprecisa) pensaba que no había peor tormento para el intelecto y el corazón que la duda. La posibilidad de elegir, de analizar, de evaluar, siempre. Los rodeos, las constantes encrucijadas, los límites que se presentan como faciltadores de ciertas decisiones...descargándonos quizá de la asunción de la total responsbailidad en lo desconocido que acompaña toda decisión, y alivia. No es que me haya equivocado, no es que me esté por equivocar, es que hay un límite.
Lo peor es cuando ya no queda la duda, cuando van cayendo al suelo, como prendas que nos sacamos de encima en un lento desnudarnos, las capas protectoras de la incertidumbre, la de saber que tenemos opciones, y se despeja la incógnita de la ecuación más difícil, ya no dudamos, pero la realidad se vuelve insoportable.

4 comentarios:

la vida abierta dijo...

muy cierto. la certeza estrecha el mundo, la duda lo ensancha.
quizás la certeza nos dé la posibilidad de no tener que estar más en la antesala. y eso angustia. vivir una vida parece poca cosa, pero es todo lo verdadero que podemos alcanzar.

la vida abierta dijo...

no sé por qué no había leído este texto antes. no vi que estaba. lo vi recién ayer.

la vida abierta dijo...

me faltó decir que me gusta mucho!

cromaticas dijo...

Lo tenía posteado en borrador y cuando decidí subirlo, se insertó allí...Cosas del blog...Gracias