Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 19 de junio de 2017

Esta mujer celeste y blanca


"-¿Qué querían hacer?

-Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.
-Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo".
(Rodolfo Walsh, "Esa mujer", 1966)



A comienzos del año 2000 unos compañeros de trabajo que militaban en el Frepaso me invitaron a una cena con una diputada patagónica que se le había animado, casi en soledad, al menemismo.
Tenían que juntar 100 personas para una cena que se hacía en Club Español, frente a la Plaza San Martín, La Plata. No voy a decir quienes me invitaron, porque algunos ya no están y otros hoy trabajan para el neoliberalismo salvaje, pero sí recuerdo que no era fácil sumar 100 personas.
Muchos de los que dentro de mi ámbito declinaron la invitación, con los años llegaron a ser no solo seguidores de "esa mujer", sino incluso funcionarios.
Me acuerdo que había que tratar de sumar gente, pero nadie entre mis amigos de la militancia estaba muy interesado. Era un día de semana, eran tiempos de mucho escepticismo, no sé... Fui con mi querida amiga Maria Renati, que hace años vive en Francia. Y si bien nunca compartimos espacios políticos, allí coincidimos con mi madre, Monse Lapalma, que había ido por invitación de Nora Cesar. Me acuerdo que mi madre,feminista pero no peronista, me dijo que admiraba mucho a la única oradora de esa noche.
Salí de ahí cautivada. Sintiéndome una privilegiada que había sido beneficiada al poder escuchar a una dirigente que se destacaba y por encima de todos/as los que conocía. Fue como me pasó una vez que habíamos ido a ver a Virus en un club en Buenos Aires y cuando ya se iba todo el mundo y quedábamos pocos apareció Cahrly y tocó como seis o siete temas para un público privilegiado, en tiempo en los que estaba presentando La hija de la lágrima.
Jorobé a medio mundo durante varios meses explicándoles que si hubiera muchos como ella, que no sabían lo que era, que era super inteligente, valiente, jugada, que tenía una visión a futuro, que no mentía, que era linda, que hablaba como ninguna.
Me decían que "era la mujer de", pero yo la escuché y a los dos minutos supe que no era la mujer de nadie, era la compañera de su compañero.
Y si le pertenece a alguien, es a nosotros, al pueblo argentino.
Desde entonces la vengo siguiendo.
La admiro, la quiero, la respeto, a veces la puteo.

Supe siempre que era humana, que cometía errores, que tenía oscuridades, pero a veces uno lo olvida y los grandes líderes les pedimos que sean infalibles, como si fueran dioses, y cuando el poder despliega sus alas, sus rituales, sus liturgias, cuando cae el velo de Apolo, cuando los dioses se humanizan, muchas veces nos desilusionamos, tememos, murmuramos.
Cuando miramos al resto, cuando ese vínculo amoroso, esa palabra que se vuelve significante en el discurso del pueblo, de amor, de justicia, de reparación, de reconocimiento, nos reencontramos nuevamente con esta mujer, la que fue, la que soñamos que fuera y no fue, la que ni imaginamos que podría ser, y fue, y la que necesitamos que sea.
Esa, la de la fuerza del amor, la del coraje.
Gracias a ella, a lo que es, a lo que hizo, a lo que hicieron, a lo que hicimos, a lo que representa, muchos de nosotros tuvimos un respiro, una tregua, una posibilidad de constituir la lucha esperanzada en una experiencia, la praxis política en transformación real.
Los seguí juntos, lo seguí a "él", los seguí.
Desde el 2000 casi no hubo movilización o acto importante a la que no haya ido.
He ido con compañeros/as de organizaciones políticas, sindicales, de laburo.
Con familia, con pareja, con amigos/as, con compañeros/as de trabajo.
Sola.
Estuve en las Plazas de la 125, éramos pocos, nos sentíamos parias, nos agredían, pero también me reencontré con mucha gente allí.

Muchos/as compañeros/as de esos momentos se han ido, y es imposible evocar esos sucesos sin extrañarlos/as.
En 2010, cuando se fue "él", casi nos quedamos a vivir cerca de ella.
El piso tembló bajo nuestros pies.
La esperanza se volvió llanto, el miedo ganó nuestros corazones.

Tuve oportunidad de volver a estar muy cerca y darle un beso, como en aquel lejano año 2000, pero no tengo ninguna foto con ella.
En dos ocasiones le escribí y recibí respuesta, seguramente, por su ceremonial, pero se ocupó de responderme.
Como muchos de ustedes estoy atravesada por contradicciones y críticas.
Intento no hacer lecturas moralistas de la política, obviamente tengo una ética y sé cosas buenas y malas de mucha gente del ambiente político, pero no me interesan los chismes ni las injurias (reconozco que las hay divertidas, pero en otro registro y en ámbitos privados) sino las ideas y los proyectos políticos.
Me equivoco mucho, y seguramente puedo haber hecho daño a otros, pero siempre que puedo intento dar una mano y no me engancho en venganzas personales.
Trato de no confrontar con compañeros en público, pero mantengo apasionados debates en los ámbitos que considero apropiados para eso.
Creo que hay cuadros y militantes respetables y valiosos en distintos espacios del peronismo, incluso en espacios que hoy se enfrentan.
Lo que me parece ya imbancable -y  a esta edad y con los costos personales que he pagado por intentar una coherencia en mi militancia me siento autorizada a expresar- es que esos compañeros/as que han ocupado responsabilidades políticas, que siempre ganan buenos sueldos y no ponen en riesgo nada personal, que se beneficiaron materialmente y que ahora están especulando con toda legitimidad pero también con egoísmo, se hagan los distraídos con el sufrimiento y los problemas de todos los millones de Gutiérrez como yo que la yugamos ayer, como hoy como mañana, y ya perdimos mucho: laburo, tranquilidad, salud, y en lugar de pensar en su rosquita y su kiosquito, se ocupen de nosotros, como nosotros nos ocupamos de militarles las bancas y los cargos que obtuvieron, la mayoría, porque estaban en la foto con "esta mujer" de la que ahora abjuran.
No que critican, no que expresan diferencias, como hacemos todos.
Abjuran, injurian, la niegan.
El futuro es pura ficción.
No sabemos que pasará.
Hace 17 años que sigo a esta mujer.
No es fanatismo, es el resultado de reconocer mediante la razón, el corazón, el aprendizaje de la vida, que fue quien nos mejoró la vida, junto a Néstor.
En 2012 me perdí un acto grande por una operación.
Mañana una gripe maldita no me permitirá honrar a la bandera de la patria (que es el otro y la otra) en Sarandí.
La honro acá.
Con este pequeño homenaje a esta mujer.







2 comentarios:

Daniela Zabaleta dijo...

Gracias Cin por compartir tu mirada sobre nuestra compañera y conductora Cristina.
No es fanatismo, en mi caso es AGRADECIMIENTO por esa vida organizada que supe vivir.

Roxana Aramburú dijo...

Nena, qué belleza.