Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 11 de julio de 2014

La parte inventada, según Rodrigo Fresán

"Era un adicto a los escritores. 
Nada le interesaba más como tema y trama."
(Rodrigo Fresán, La parte inventada)

"Nunca sabes exactamente cuanto espacio 
ocupaste en la vida de una persona" 
(Scott Fitzgerald, Tender is the night)

(se recomienda leer escuchando "A Day in the life", o tal vez "Wish you were here")

RF, odiaría probablemente un comentario de La parte inventada en un blog, o mejor, haría alguna broma ("levanten la mano los "cercanos desconocidos" que ahora mismo acaban de terminar de sostener este libro en sus manos y lo recomiendan por medio de sus dispositivos electrónicos en la red de lectores-posiblemente-no lectores de libros sino de otras cosas, apurados y zappingueros).
T me dijo, ante mi entusiasmo: la crítica lo destruyó, ¿no? (Yo, airada como si ofendieran a un amigo:¡jamás le presto atención a esas cosas!).
L no dijo nada, en su chat, pero su silencio sí dijo. Seguro está con la crítica que lo destruyó.
R me preguntó si RF o tal vez "El Escritor" no era muy narcisista, o soberbio. Me apresuré: eso no importa.
Como sea, creo que ninguno de mis amigos lee a RF.
(Pero sospecho que a AF podría interesarle mucho esta novela).
Tuve un amigo que tal vez, se me acaba de ocurrir, lo lee. Si las cosas fueran de otro modo, hasta lo podría llamar por teléfono (como se hacía antes, dice nuestro personaje de El Escritor: discar o teclear el número, esperar que suene, imaginar una habitación vacía, sorprenderse ante una voz extraña, dejar un mensaje a una persona sin estar seguros si esa persona lo transmitirá...) e invitarlo a tomar un café para hablar de esta novela, de La parte inventada. Y seguro me explicaría muchas de las referencias musicales del rock y del pop que se me escapan). Era lo que más me gustaba de nuestra amistad: hablar de libros, y a veces de discos (de eso él sabía todo y yo nada); hablar de otros amigos; de cine; de la familia; de nuestros hermanos; de revistas culturales; de sci fi (planeta que sólo visito ocasionalmente y que él, como la mayoría de los hombres lectores que conozco, habitan con mucha frecuencia, al igual que Fresán); de política (de eso él no quería saber nada y yo me apasiono), de amores.
Yo lo cargaba, le decía que era como nuestra versión del Barón de Charlus, no por que le gustaran los muchachos, sino porque era como nuestro -ya no existe aquel "nuestro", de todos modos-arbitrer de l’élégance, nuestro dandy cultural platense. Creo que no le gustaba, pero comprendía la referencia, porque eso era lo que teníamos en común, y tal vez con RF: esa no sumisión, suscripción a ningún canon (literario en este caso), esa no pertenencia a ningún territorio cerrado, esa curiosidad no cómoda, sino voraz, y también, por qué no decirlo, esforzada. 
Pasiones arrebatadas que no comprenden (y en alguna ocasión hasta pueden llegar a envidiar) el vínculo no adictivo, cómodo, que otros tienen con la lectura, esos que casi con jactancia se burlan de nuestra debilidad por las novelas clásicas, estos "ladrillos" de mil páginas, esos melodramas...

Esta soledad lectora de RF vuelve mi admiración, mi fascinación, un acto de solitaria rebeldía en cierta forma.Nadie me lo recomendó, como no fuera RB en algunas de sus reseñas (publicadas en su póstumo Entre paréntesis de 2004).

E. Hopper, "Habitación en Nueva York", 1932.

{Leo como AF me confesó que ella también hacía, buscando más y más de la data mencionada (la biografía, el tema musical, la película, el libro, el poema, el mapa de la ciudad, el cuadro), la cartografía de los temas, de la estructura, de las "locaciones". ya de chica y si Internet, buscaba las recetas, los mapas, las genealogías, como lo han hecho antes y lo harán después, con o sin Internet, otros lectores.}


Fresán: inclasificable, a writer's writer, un lector cuyo panteón está habitado por dioses pasados de moda, poco cool, que, ¡Oh, Dios!, son mis mismos dioses muchas, muchísimas veces: James, Proust, Dickens, Dick, Bradbury -releer a Bradbury, nota al pie-, Nabokov....Voy por Scott Fitzgerald...Yo también devoro biografías de escritores, devoro esas novelas decimonónicas que ya no le importan a nadie....
Nadie.
O al menos a nadie de los que son o parecen ser "del palo", porque afortunadamente hay por ahí deambulando, y seguro que también entre mis amigos, muchos lectores que leen mucho más libremente, gozosamente, -y obstinadamente también-, por el placer y por la pasión, lo que quieren. 
Y otros adictos.
Deseo lector. Deseo escritor. Deseo. Sin importarles nada de las modas, del discurso o el saber "apropiado" (¿"apropiado" de dónde, a quién, a la Academia, al entorno, al mercado? Bullshit! ni de las críticas ni del deber ser (cool, académico, esnob, contemporáneo y tiki tiki tiki tiki.)
G se va por el camino de Swann...
Aunque hoy lo que importa es escribir corto, dice "El Escritor", y así lo propone el topísimo escritor de moda que escribe para sus cientos de followers en Twitter (a donde irán a parar estas palabras como fragmentos del rompecabezas textual-literario-lapidario), en "Face Time", en fotos que (confieso, sí, yo también tomé) de las páginas de este tratado (diría alguien de hace cien años) sobre (y no "acerca de") cómo escribir novelas.
La Máquina de Dios
Novelas sobre novelas, escritura sobre escritores, y sobre jóvenes con fantasías no de escribir, sino de ser escritores. No preocupados por tramas, y temas, y detalles de olores, de imágenes, de personajes, y problemas de escritura, y trabajo de escribir, y títulos (El Escritor, como yo,  ama las novelas que tienen títulos con nombres de personas: Ana Karénina, David Coperfield -¡Dios, mi puerta de ingreso al planeta del deseo de escribir!!!-;Eugenio Oneguin, Bellow, Herzog, -agrego yo, más acá en el tiempo...
Ah...perdón, ¿y de qué se trata La parte inventada?
Digamos que son unas tres o cuatro novelas entramadas en una, que cuenta la crisis de un escritor consagrado, que llega a la "madurez" (cincuenta años) enojado con el mundo gobernado por los dispositivos electrónicos que empujan hacia afuera del planeta a los lectores, y a los escritores, y a todas esas antiguas formas literarias que no entran ni entrarán jamás en 140 caracteres...
Y de por qué alguien quiere ser escritor. (Y no de la repetida pregunta de "¿cómo se te ocurrió esta historia?", sino, "cómo se te ocurrió ser escritor?")
Y de escribir.
De la ficción, que no es lo real, ni lo realista, ni la crónica, es, sobre todo, lo fantástico, lo que podría haber sido o ser, y no lo que fue, o lo que es. La parte inventada.
De la mente del escritor, de sus viajes en el tiempo y el espacio: la infancia -siempre la infancia-, el pasado, el futuro.
Y de la vida de Scott Fitzgerald.
Y de sus novelas.
Y de la música del siglo XX, y de una hermana loca, y de un Chico y una Chica que quieren ser (famosos, escritores,) y tener sexo (él con ella, no ella con él).
Y de la niñez en los 70, en Argentina, donde los padres desaparecen.
Y los niños pueden ahogarse en una playa sin que los adultos se den cuenta.(Porque se distraen discutiendo sus divorcios, o sus lecturas o sobre política).
Y de nada de eso.


Fresán, Rodrigo, La parte inventada, Literatura Random House-Mondadori, Buenos Aires, 2014, 566 páginas.

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