Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 17 de agosto de 2012

Luz de mis ojos

 "luz de mis ojos tengo un antojo 
 leche de mi sexo tengo un acceso 
y en el fondo creo que llegarán todas
vestidas de plata como una novia"
(Antojo, Palo Pandolfo, Los Visitantes)


El amor es un malentendido que puede prolongarse en el tiempo (¿incluso hasta la eternidad?) o durar un par de polvos de los buenos. (Y desde ya, la infinidad de variantes, matices y claroscuros que podamos imaginar entre estos dos márgenes algo forzados).
El sexo suele ser más franco, con menos margen para las ambigüedades y los simulacros: te gusta, no te gusta, te gusta más o menos. (pero...)
Pero el amor, qué gran enredo, qué comedia trágica, qué tragedia cómica.
Del amor, en fin, se lo ha dicho todo, se lo ha escrito todo, (y no sabemos todavía nada, más que arder, vivir, morir. )
Paolo y Francesca sorprendidos por Gianciotto
  Ingres,  1819, :Museo de BB.AA. Angers
  48 x 39 cm,:Oleo sobre lienzo
A veces creo que si algún día  inventamos un lenguaje  capaz de comunicar con claridad a los hombres y las mujeres, será el fin de la especie, el apocalipsis, la muerte del amor (y tal vez del sexo),  por aburrimiento y/o decepción definitiva y fatal, como en un tango clásico.
(Dionisio no permitas el triunfo de Apolo)
Podemos gustarnos, desearnos, atraernos, comernos ardorosamente, amarnos para siempre, odiarnos sin modales, distraernos civilizadamente, construir familias, vengarnos, disputarnos poder  y todas las combinaciones posibles mientras permanezcamos atrapados en el territorio del misterio, la adrenalina de la curiosidad, la ansiedad, incluso la humillación, el masoquismo, la irresponsabilidad. 
Pero de sólo pensar que un día hablemos el mismo idioma...
De sólo pensarlo.

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