Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 2 de febrero de 2009

Playa y paraiso perdido


Me fui a la playa y volví, algo vacía.
No era cualquier playa, aunque cualquier playa, allá, junto al océano, sea la misma, por siempre. Esa, la de nuestros recuerdos, nuestro pequeño y privado paraíso perdido.
Quizá ahí reside, más que en ninguna otra idea, la metáfora de la eternidad.
Pero yo fui esta vez a la coincidencia geográfica. Volví a esa playa, ese balneario, esa Villa, que es mi Mito de origen y destino. Y sin embargo, está y no está ahí.
Caminé sola, con el pulso acelerado, por esas callecitas de arena de Barrio Norte que son y no son. Buscando, como un naufrago que ansía ese horizonte de promesa de supervivencia, lo que no existe más allá de mi memoria.

1 comentario:

la vida abierta dijo...

Hay un poema de Pavese (que ahora no lo encuentro) que dice algo que me gustó. Sólo recuerdo una frase que en su momento me impactó: "vale la pena volver, aunque sea distinto".
Quizás la idea de que va a ser distinto es la actitud que permita el regreso. Es la inevitable paradoja de todo regreso: volver a otro lugar, nunca al mismo, si pensamos que los lugares están entramados con el tiempo, y que no somos los mismos.
Me acuerdo de ese lugar (Villa G.), yo nunca volví, pero tampoco viví tantas cosas, por eso mi vuelta ahí sería más inocua.