Último verano en Stalingrado, novela

viernes, 10 de octubre de 2008

Nos tenemos que ir, La Chicana


Fuimos a ver a La Chicana y todo se llenó de alegría y erotismo, las otras noches y los días que siguieron.
Andaba bajoneada y triste como un perro sin dueño, pero todo pasó, como pasan las cosas en primavera: repentinamente y envueltas en aromas de jazmines.
Descubrí lo que ya sabía: que el tango es sólo nostalgia y melancolía cuando no nos penetra en la carne, como si fuera un amante fogoso.
Porque cuando sí lo hace, el tango también es alegría, bravuconada, chicana y calentura.
La milonga te hace mover los pies y te calienta la sangre, y aunque no sepas bailar ni cantar, como es mi caso, no podés dejar de bailar y cantar, incluso fuera de la piadosa protección del ridículo que ofrece el hogar propio.
Y dan ganas de cagar a palos a unos cuantos garcas y de luchar hasta conseguir algo de justicia en esta bendita tierra argentina y de amar hasta que no nos dé más el cuore y el alma.
Y emprendo el regreso a casa, caminando por Corrientes, hundida bajo el peso de mi mochila y mi laptop, sin desesperar del largo viaje ni la miseria que me rodea, cantando "Nos tenemos que ir", mientras algún hombre me mira como si me deseara.

3 comentarios:

Daniela dijo...

Si querés leer algo simplemente lindo, buscá en Palabras Cromáticas... Ahi Cintia simpre te espera con su luz de arcoiris... como en estas palabras que Astro con parsimonia vé pasar...
Gracias, Daniela

Palabrascromáticas dijo...

Dani, gracias por tus palabras. Te cuento que Astro se ha ido a, espero, mejor vida, y la parsimoniosa es la joven Lobita, todavía cachorra.
Garcias!!!

Palabrascromáticas dijo...

Dani, gracias por tus palabras. Te cuento que Astro se ha ido a, espero, mejor vida, y la parsimoniosa es la joven Lobita, todavía cachorra.
Garcias!!!