Último verano en Stalingrado, novela

lunes, 10 de septiembre de 2007

Vivir el momento. Remember.

Un poco de sexo telefónico. Un recreo. Un descanso. Como es todo entre nosotros. Una suspensión del tiempo real. Una introducción en un tempus lírico, una tergiversación en la percepción de lo cotidiano. Un interruptus de lo habitual para un coito continuado en un plano exclusivamente sensorial. Para vos, quizá una melodía. Para mí, una historia de Truman Capote pero también una canción de los ochenta (un buen tema de Virus). Algo que se asocia tanto a la lectura del I Ching, al bouquet de un malbec de tierras cuyanas, al contraste entre el vértigo de manejar en una avenida nocturna en el corazón de Buenos Aires y, al cerrar la puerta, cerrarla a: obligaciones, presiones, deudas del cuore o del bolsillo, escenas con repartos conocidos.
Siempre es el momento y el momento es siempre.
El momento es todo: intenso, real, concreto. Entra por un oído, por una boca, por una piel (entra todo: música, sobre todo, palabras, té, vino, tal vez humo de tabaco, entrás vos, un pedazo de vos, un interesante pedazo de tu anatomía que puede suscitar el ingreso de un interesante pedazo de tu ser) y se instala en un presente que luego de transfigura en un recuerdo. En ese particular y maravilloso mundo de la memoria (que no está hecha de recuerdos sino de imaginaciones. De la particular forma que en un momento le damos a otro momento especial).
También está el devenir. También es real. Las melodías, los ruidos, los silencios, los gritos, insultos, imprecaciones, ruegos, risas. Las escandalosas ruindades y cobardías nuestras y ajenas. La mezquindad de nuestra alma. La falta de fe. El materialismo de una heladera vacía. La cola del banco. El tachero de mal humor. Un hermano dando batalla.
Vos o yo. Y lo que el otro nos hace descubrir de nosotros..
El mundo. Cómo se enriquece. Cómo puede ser cada día más bello, aunque parezca que sólo hay caos y hostilidad.
El momento de abrazar a mi hijo.
El momento de ser abrazados.
Y el momento de no pensar ya más.
Y el momento de reírnos. (los esquimales no dicen que tal “hizo el amor con tal”, o que”se fifó a tal” o que se “garchó a tal”. Dicen que se río con tal..)
Lindo. Muy lindo. Este particular momento de reírnos por teléfono.

Belleza. Libertad. Y una buena dosis de adrenalina.
No hace falta ninguna sustancia. Todo está en la química de la naturaleza. Alguien con el don de embellecer el mundo. Construir acordes, fabricar melodías. Un artesano, un creador (“artista” es una palabra muy bastardeada).Una buena época. Poros abiertos. Oídos sensibles. Una buena dosis de chabacanería, para matizar tanto esnobismo urbano.
Y el deseo circulando por la epidermis a la dermis, el laberinto del alma, la boca, los ojos, la carne. Un músico de rock que compone para un cuarteto de cuerdas y toca justo la cuerda de mí apropiada en el momento preciso. Te veo en imágenes fugaces. Como el dibujo de Leonardo, del hombre en perfecta armonía con las proporciones del Cosmos. Todo es perfecto.Gracias a vos el mundo se embellece. Escucho lo que no escuchaba. Disfruto de sonidos y silencio. Te veo blanco, desnudo, con tus venas azules, tu cuerpo hecho de líneas sutiles y esa tibieza. Todo está muy cool. Velas encendidas, tés aromáticos, guitarras. Como un cuadro de el Greco. Siempre me conmovieron esas figuras. Ese grado de estilización, de sofisticación. Estilo, ¿por qué no?Y tu dicha me hace dichosa. Y es tan extraño. Tengo la sensación de que has podido convertir tus debilidades y dolores en fortaleza. Esa fortaleza, ese convencimiento, es tu mayor talento, la forma, la expresión sensorial de ese talento es la música. No importa cuántas adversidades y contrariedades se presenten, desde el punto de vista material.
Todas las grandes empresas (las epopeyas) requieren de cierto grado de heroísmo, de estar dispuesto a atravesar las pruebas necesarias para elevarse. Aunque en ello te vaya la vida.
Cada uno de nosotros puede, a su manera, disponerse a ser el héroe de su propia epopeya.
¡Me encanta que hayas salido victorioso!Me entusiasma tu entusiasmo. (¡A veces sos tan melancólico!).No permitas que nada enturbie este momento de alegría.Ni aun el dolor, que siempre agazapado nos acecha. Es necesario, para que podamos disfrutar de lo bueno. ¿Quién dijo que en un Universo donde sólo existiera el blanco no podríamos apreciar el negro?

2 comentarios:

la vida abierta dijo...

Me parece muy interesante la idea de que la memoria no está hecha de recuerdo sino de imaginación. La memoria es un relato del mundo, de nuestra vida. La idea de recuerdo hace pensar que es fiel, exacto.

cine argentino dijo...

tambien a mi me gusto la idea que la memoria esta hecha de imaginación, es algo que construimos, reconstruimos. Y de la imaginación, no se, iba a escribir que se puede pensar que la imaginación se ejercita y me acorde de la imaginación de los niños.