Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 6 de junio de 2015

Vi tu sonrisa detrás del Basquiat

Habías sido mi amor.
Completion Date: 1983
Un amor quizá no del todo realizado, no consumado, inconcluso antes de empezar,
como una pequeña historia de melodrama ruso pero en La Plata, o en alguna ciudad costera, o en un avión, o un colectivo: pasajero como los pasajeros de ese viaje.
Un amor que era como ir mirando por la ventanilla y tener cinco o seis años y  desear llegar al hotel para poder ponerse a jugar con las muñecas nuevas, mientras el paisaje corría como una cinta, como si no nos moviéramos, y el tiempo se detuviera casi, lento, sólo para contradecir nuestro deseo.

Vos eras como un perro rabioso, como un negro o un latino pobre dando vueltas drogado por las calles de una ciudad rica, como Nueva York o Londres o Barcelona. Pero en el fondo yo intuía tu dulzura, tu mirada se quedaba posada en mí, y en ese más allá de mí donde eras como un héroe anti heroico.
Un perro rabioso echado a su suerte, laborioso con las manos, inteligente en el dibujo y en la imagen, habilidoso para construir obra de la nada. Un perro rabioso al que nadie había querido darle calor y alimento y entonces andabas por ahí ladrando, en medio de una manada de perritos bobos,* hijos de #mamáypapá, #hippiesconOsde, que ladraban como caniches malcriados.

Un John Snow, un bastardo.
Tu mirada era una mirada envolvedora que acariciaba, penetrante, pero a la vez una mirada perdida, que añoraba Todo, que pedía tomarlo todo y yo, como siempre: quería escapar, ser libre (?), no entregar todo, guardarme algo.
Romaine Brooks, La condesa Anna
Corrí a encerrame en un baño y te dejé ahí, rodeado de esas chicas tan cool, que se podían coger a un perro rabioso como vos, pero con los años se casarían con un Golden o un Labrador, que las pudiera llevar de vacaciones y regalarles perfumes importados y pulseras de oro para los aniversarios, y pagarles el colegio de los chicos y, quizá, tener un par de perros rabiosos bohemios entre sus amigos, y un amigo gay con glamour, para adornar la mesa de tanto en tanto, en celebraciones especiales.
Como si fueran señores que viven en un Saint Germain posmoderno.
 ******
Escapé de tu mirada.
Mezquina, ponele, o quizá necesitaba reservarme esa parte de mí para mi pequeño, para mis libros, para estar sola, para enredarme en mil historias de ficción, jugando a las muñecas como hacemos cuando somos grandes: con palabras, con historias imaginadas.
Quizá necesitaba ser, y tu amor me parecía que podía mutar en una cárcel, en un ahogo,  que acabara con nosotros al acabar nosotros.
Me dejé llevar por mi faceta Alfonsina o Romaine Brooks o Coco Chanel, quién sabe.
Y bueno, estaba el otro asunto, las almas bellas. Crecían a nuestro alrededor como hongos. Nos despreciaban, nos deseaban nos intuían. ¡Y siempre sabían lo que había que hacer!
Almas bellas que...¡ay! Sabían, más que nosotros, de nuestra historia de amor anidada en las miradas, no dispuesta a la desilusión que suponen las consumaciones.
Nos enredaron, nos dijeron lo que era correcto o incorrecto y mi histeria y tu borrachera claudicaron.
El baile nos arrastró afuera de la pista, y caímos.
Vi tu sonrisa detrás del Basquiat.

Por un segundo fui Lol V. Stein.
Vi que me mirabas, terciopelo en mi piel, promesa con sonoridades urbanas de Babasónicos.
Eros a punto de ganar la batalla.
Y después, todo fue silencio y olvido.



* bourgeois bohemian (burgueses bohemios), término inglés tomado de Carrëre, Emmanuel, en Limónov, Anagrama, 2013, pág. 25. Son liberales en lo económico pero le gustan los valores contraculturales. A

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