Último verano en Stalingrado, novela

domingo, 12 de abril de 2015

Esperar que ella fuera ella

Ella hablaba y yo le miraba las manos
su relato la iba de viajes, y vestidos y opiniones políticas y comentarios de películas y todo eso...
Y yo le miraba los gestos y veía las manchas en la piel, las uñas cuidadas, el anillo de plata con la piedra engarzada,
veía en ella, la de ahora, a varias: la que había sido antes, la que yo imaginé que era, la que me hubiese gustado que fuera
Y ella hablaba y hablaba como cualquier señora bien, culta, refinada.

Pero no se parecía así en nada a la que yo recordaba,
que era rebelde, combativa, original
y se reía con cierta insolencia de las convenciones y las ideas pocos originales y en esa risa se hacía jovencísima.
Y yo la quería igual, aunque no la encontrara.
La miraba y pensaba que estaba actuando, que era como una obra de teatro y que yo no tenía derecho a esperar que ella fuera ella.
Y no esta nueva,
solo para no tener que irme con esa sensación de que todo lo que vive está destinado a morir y a ser olvidado.

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