Último verano en Stalingrado, novela

sábado, 9 de marzo de 2013

Madres e hijas

Voy a visitar a mi amiga S. a su trabajo. Eso no estaba en los planes, sucede que mi agenda para esa tarde es modificada por otros minuto a minuto y la de ella igual.
Gustav Klimt, Niñas con adelfa. Lienzo de Klimt (1862-1918) 70x47
Hablamos de esto y de aquello. Esto y aquello incluye: preocupaciones por la criança de otras amigas que son un poquito nuestra criança también, una muestra de obra patrimonial de un querido museo local, enfermedades propias y ajenas, política, trabajo, dietas, comidas, escritura, hombres, la muerte del Comandante, libros por escribir, proyectos, seres horrendos que nos defraudaron, oportunistas del poder, artistas locales, silencios inexplicados, jóvenes compañeras de militancia que nos provocan admiración, y de nuestra amiga M. de la dolorosa incredulidad que todavía nos provoca su muerte.
Llega la hermosa hija de mi amiga. (Esta niña ya no tan niña tiene la particularidad de sonreír como si el mundo fuera maravilloso, como sonríen las personas amadas y llenas de esperanzas. Tiene una edad en la cual se sufre bastante, probablemente no sabe del encanto que posee.)
Salimos caminando las tres juntas, ellas van en su plan madre e hija y yo para otro lado: las veo alejarse ya imbuidas de la gestualidad cómplice de las mujeres que se quieren cuando conversan de algo interesante.
Entre las dos le han puesto luminosidad a la tarde.

2 comentarios:

Ruth dijo...

Perdón que te compare, no lo voy a hacer con cualquiera sino con C. L., me hizo acordar. Tal vez esa cosa bipolar que ella tenía, no? y no voy a disculparme por lo de bipolar! me gusta mucho el texto

Palabrascromáticas dijo...

gracias Ruth querida