Nos invadieron las plagas, las del ya no tan lejano Oriente, las del Paraguay y su dengue. Ese mismo Paraguay del que hace 150 años nuestros jefes machos y crueles exterminaron a los hombres y al futuro, sólo porque podían.
Ese mismo Paraguay del que descienden parientes míos que no veo pero presiento.
Leo a María Gainza y su Nervio Óptico y me conmueve cuando cuenta la historia del manco Cándido López, pobre pintor de trincheras y polvaredas de muertes, pobre bajo el mando del genocida Mitre.
Y entretanto, navego un rato para dejar de trabajar y ya no te veo conectado en las redes, ya no tenemos las mismas redes, ya me fui, ya te fusite, ya re configuramos las vidas reales y virtuales y cuando alguien por casualidad te menciona, siento que una máscara mishimesca encubre el gesto que pudiera delatarme, pero no porque recuerde algo en partiuclar, sino porque el olvido borronea alguna incomodidad. A veces pienso que salís con Tal o Cual, me concentro en mí misma, me pregunto si me causa celos, descubro que podría ponerme celosa si alguna vez hubiera sentido que era amor. Pero no. No siento celos.
En verdad no siento ya casi nada, un poco de curiosidad, como si fueras un personaje en un cuadro, un soldado herido en la trinchera con los ojos cerrados que sueña otra vida o sueña con dormirse satisfecho en brazos de su amante, en la selva.
De eso sí me acuerdo, si me esfuerzo. De tus ojos semicerrados en ese momento en un gesto que me hizo pensar, al recordarlo, que mi cuerpo te conmovió al menos unas tardes, en otra vida. Esas cosas no se mienten.
Te vi conectado y hubiera querido hablarte pero después me di cuenta de que ya no tenía nada que decirte, ni siquiera te odio un poco. Ya nada, ni siquiera stlakeo tus perfiles ni me entretengo mirando tus fotos.
Para saber si hubo algo entre nosotros sólo puedo apelar a mi memoria, tan buena en general, tan olvidadiza en los días de verano y carnaval.
No sé qué dirías si te preguntara.
Probablemente nada.
Lo que más recuerdo es la múltiples maneras en que me ignoraste, permaneciendo mudo y lejano como los muertos.









