lunes, 10 de agosto de 2015

Para Delfina, para que sigamos mirando árboles mientras nadás mar adentro

1. Delfi
Tu nombre es raza de mujer luchadora y valiente, la guerrera que acompaña al Pancho Ramírez, nuestra doncella guerrera de Sevilla.
Esta bella mujer; Delfina, me honró con su amistad entrañable durante 42 de mis 44 años. Nuestra patria de la infancia estuvo hecha de amor, de juegos, de naturaleza, fútbol, caballos viejos, tortugas locas, poesía, de algunas desmesuras, y de una desafiante vocación política clandestina, que solo pudo terminar cuando ya en la adolescencia la democracia lo hizo posible. Nadie que haya militado en La Plata en los años de la primavera alfonsinista puede haber desconocido a la chica más bella de la UES, con tu larga melena dorada, de la que todos se enamoraban irremediabemente.
Aventurera, libre, deportista, lectora, cinéfila, viajera, inquieta, movediza....
Aunque sus viajes la llevaron por la Patria Grande, y se mudó a Buenos Aires; aunque el neoliberalismo nos pinchó las ganas de militar durante años,....volvimos a encontramos como siempre, en las plazas de Néstor y Cristina; en los cuentos, los poemas, las canciones, las comidas, los vinitos, tus recetas macrobiótcas y tus amables consejos de yoga para una bruta como yo; en nuestras apasionadas charlas de política, nuestro peronismo tantas veces incomprendido, en el personaje de mi novela que, me dijiste, te hizo sentir menos sola en el dolor (y ya con eso todo lo escrito valió la pena).
Extraño ya esos papelones de sentarnos en un bar careta de Belgrano R, y sacar de las mochilas galletitas con jenjibre para cuidar tu salud, tupper con frutas mezclados con estudios médicos, mientras con Lucia nos reímos y lloramos, todo al mismo tiempo.
Te encuentro, te siento, escuchando estos romances tristes, como dice Elena, pero no podemos dejar de cantar; en la sirenita que alegra mi baño, que me regalaste para un cumple, ...en los árboles que observamos en el jardín de Estela, todavía sorprendidas ante el misterio de la vida...y de los finales. Te encuentro, mucho, intensamente, en Lucía Castelli , tu amiga-hermana; en Faustina Gil Soria, tu

hermana-amiga, en tus otros hermanos, tus bellos sobrinos. En cada uno de "los pedagógicos" y tus hermosas amigas de la adultez, Julia, Maribel, Mariana, Jimena, las del Centro Cultural Conti; en algunos de los hombres que tuvieron el privilegio de compartir una parte de tu vida y de tu amor....
La muerte pone fin al dolor querida Del, pero el amor es infinito. Y acá estás, en esta foto que tomó Faus, hace apenas dos meses, en Plaza de Mayo, después de esa merienda tan linda que compartimos. Te amamos. Por siempre. Nos vemos au claire de la Lune.


*********
2. Nosotros y la sudestada
Por eso, mientras damos manotazos para consolarnos con #palabrasmelodíasabrazos; mientras tu madre distribuye dibujos que ha hecho estos tiempos, quizá  para introducir vida en su taller, vida que acunara tu partida; mientras miramos con Lú, con Faus, el arbolito rojo, me llevás hasta él, confundís con nieve las imágenes que la enfermedad y la medicación han instalado en tus retinas, o en tu alma; o quizá algo más misterioso, quizá algo que te conecta con la infancia, tal vez con Tomás, con Juanita, o la escuelita, nuestros queridos "pedamongos", nuestros amigos de siempre, con los que armamos estos rituales de consuelo que saltean las fronteras de nuestras diferencias y siempre logran conectarse en ese amor despojado de máscaras que nos permitió saber desde siempre quienes somos los unos para los otros, y llamarnos después de diez años por nuestros nombres infantiles, y ayudarnos a dejarte partir sin egoísmo ; mientras te acuna la voz de madre, o de Lú, o la mía, leyendo a Herta Müller, o a Murakami, o a Ana Cecilia Prenz, o a Alice Munro, qué más da...es igual, son las voces, nuestras manos acariciando tu adiós...
Los perros dan vueltas por la casa. Una sudestada impuso sus condiciones a tu partida: como vos, rebelde, desordenadora de lo pautado, despeinadora, intensa.
Miro a tus padres y quisiera salir corriendo, poder propiciarles algún consuelo, quién podría...Ahí están, junto a vos, tus hermanos, Daniela, todos acariciando el misterio del final con rasguidos de guitarra criolla y acordes de hojitas rojas en árboles cercanos que el viento mueve, como aquel sauce... Titina con las flores que alegran el cuarto, Julia con su amistad casi siamesa,  Jimena más allá del océano, Mariana, las de los rulos y las lacias, Maribel, Lola, Elena, Chuje; Irupé, la cubana, Sofía....Nuestro amor se agranda, se hace puente, intenta animarse a soltarte, para que puedas ir, dejar este dolor que nos abruma.
Cantemos, mi querida, cantemos https://soundcloud.com/andr-gravat/sets/canciones-romances-y-baladas
Y entonces, encuentro este poema, lo pongo a tus pies, mi nadadora, que se aleja, mar adentro.

3. Poema
arbolito de Delfina
"Miro un árbol.
Tu miras lejos cualquier cosa.
Pero yo sé que si no mirara este árbol
tú lo mirarías por mí
y tu sabes que si no miraras lo que miras
yo lo miraría por ti.
Ya nos basta
mirar cada uno con el otro.
Hemos logrado
que si uno de los dos falta,
el otro mire
lo que uno tendría que mirar.
Sólo necesitamos ahora
fundar una mirada que mire por los dos
lo que ambos deberíamos mirar
cuando no estemos ya en ninguna parte."

(R. Juarroz, Sexta poesía vertical)

domingo, 26 de julio de 2015

Como de la familia, de Paolo Giordano


"Para recorrer un largo camino, todo amor necesita que alguien lo vea y lo reconozca, que lo valore; de otro modo, se arriesga a que lo tomen por un malentenido. Sin su mirada, nos sentíamos en peligro". (Paolo Giordano, Como de la familia)

Leo Como de la familia, la tercera novela de Paolo Giordano, sino me equivoco. Editada originalmente por Einaudi.
Todavía recuerdo el día en que encontré La soledad de los números primos en una librería en Buenos Aires, de casualidad, sin saber nada del autor ni de la novela, que acababa de publicarse en castellano. Me gustó el título, me llamó la atención la breve biografía del joven autor: nacido en 1982 (¡Dios!)y licenciado en Física Teórica....En mi cabeza se emparentó con Guillermo Martínez, a quien estaba leyendo en esos días.
Como suele ocurrirme con esa clase de descubrimientos extremadamente placenteros, devoré la novela en un par de viajes de ida y vuelta a mi trabajo, que por entonces implicaba un diario trajinar La Plata-Buenos Aires en losi nmundos Plaza.
Giordano, al igual que muchos otros escritores, aligeró el tedio de esos viajes, hechos de impotencia por el pésimo servcios, agotamiento por las extensas e intensas jornadas laborales, alejarse de amigos y familia más de lo esperado. Aun así, era una época de alta pasión en el trabajo, compensaba bastante el sacrifico, pero la lectura ayudaba, y mucho.
Yo también, como los personajes de estas novelas, pertenezco a la generación de mujeres y hombres atravesados por rupturas del modelo de familia, de las identidades de género tradicionales; somos contemporáneos del estado de permanente crisis de los roles femeninos y masculinos, sobre cargados (ambos) de demandas que nos  impone el amo capitalista: exigencias laborales, estrés, inestabilidad económica, obligación de gozar y de ser joven y sano. Eso pone a prueba todo el tiempo nuestra resistencia, nuestra capacidad de amar a otros,  nos llevan a conformar subjetvidades en permanente reconstrucción...
Unos años antes,  La soledad me transportó a mundos de infancias europeas, a vidas de seres tímidos atravesados precozmente por la pérdida y el dolor. Me enseñó a ver con nuevos ojos lo ya visto, e hizo vibrar en mí alguna cuerda con una sonoridad particular, que no sabía que poseía en mi repertorio sensible.
Ahora, al leer Como de la familia (Salamandra, 2014), el asombro y el deleite se hacen esperar, pero la pena, la inmensa pena, el estado de soledad y de resignación que transmiten los personajes, se parecen.
Otra vez una familia actual, una familia burguesa europea, compuesta por una joven pareja enamorada y su pequeño hijito. Entramos a su hogar, a los detalles de su cotidianidad. De nuevo hayamos como tema la infancia, ese paraíso perdido incluso antes de poseerse. 
Y una madurez que no termina de sedimentar en sus padres, la pareja de adultos, que se comportan por momentos como infantes, desvalidos y algo caprichosos, egoístas, que se dejan mimar por Babette, la señora A. Se trata de una viuda mayor que contratan, originamente, para cuidar a Nora, que tiene un embarazo complicado que la retiene en la cama; y luego, a Emanuele, el niño que nacerá y crecerá con esta familia que se ha armado:  papá físico, algo frustrado en lo profesional y un melancólico irremediable;  mamá decoradora, llena de energía vital y cierta ingenuidad, y la niñera, mujer del pueblo, sencilla, prejuiciosa,  con un discurso cargado de sentencias e ideas acerca del rol del hombre y la mujer en el matrimonio muy diferentes a las de sus empleadores. Pronto los cuatro han sido seducidos entre sí y se aventuran en un modelo de familia extraño, pero que los hace felices..
Es la muerte de Babette después de sufrir un vertiginoso cáncer, justamente, lo que da origen a este relato cargado de un lenguaje del amor, de un amor filial y también del amor de pareja, que se abre camino en medio de los oprimentes silencios de la vida contemporánea, donde la obsesión por el proyecto burgués insume a las personas la renuncia a a vivir sus sentimientos, para dedicarle casi toda la energía al trabajo  y al éxito social.
Cuando la enfermedad irrumpe así, y se apropia de aquellos a quienes amamos - o de nosotros mismos-, todo el mundo se pone patas para arriba, las prioridades sufren una sacudida, y el tiempo se nos escurre a la velocidad de la arena cayendo por el orificio de un reloj...Y todo lo que pudimos, quisimos y supimos ser, sólo porque ese otro también nos amaba, se desmorona y pierde sentido.

Giordano, Paolo, Como de la familia, Título original: Il nero e l’argento,ISBN: 978-84-9838-652-3
Número de páginas: 144,Sello editorial: Salamandra.

jueves, 16 de julio de 2015

A los que ya no responden

"Al escribir la biografía de un amigo, 
hay que hacerlo como si estuvieras vengándole."
 (Flaubert, carta a Ernest Feydeau, 1872).*

Me gusta la fuerza de esa afirmación, sostenida a su vez por la fuerza de la escritura de alguien que hizo de ésta una vida, una pasión, una causa.
Así los recuerdo.
Me gusta y me hace pensar, en las biografías que vamos escribiendo de a poco, esas de los amigos y amigas que se fueron antes que nosotros, esos y esas a los que les rendimos humilde homenaje, hablando de ellos, escribiendo de ellos, organizándoles los rituales que nos permiten seguir calentando nuestra vida con sus latidos y potencias, esos que nos dejan con las ganas de innumerables momentos, sobre todo, conversaciones, preguntas, luminosas sonrisas.
Esos con los que nuestras diferencias no necesitaban esconderse, incluso, esas de perros y gatos, o gatas y perras. 
Porque siempre, de un modo u otro, llegaba el momento del encuentro, el que permite desandar las heridas, los enojos, y relajarnos como si durmiéramos una siesta al sol, sabiendo que podemos darles la espalda con absoluta confianza (como Maga y Loba lo hacen en la foto).
Esos amigos que extrañamos y con los cuales los simulacros que la vida vincular a veces impone, parecían  obligarnos a formatos de relaciones como si en vez de humanos fuéramos alienigenas, de tan ajenas. Y resistimos, y siempre pudimos recuperar humanidad, con sus oscuridades, pero sobre todo, con sus luces.
Es cierto que la muerte no termina con las relaciones, la charla sigue, la alegría retorna incluso, en medio de la desesperada frialdad de la ausencia.
Es cierto que los que se van saben y ven cosas que nosotros ignoramos, y tal vez siguen la tertulia desde allá, mientras circula la palabra de esa novela que nos conecta a ellos dos, por caso, con nosotros hoy, esta tarde, en una biblioteca, en una ciudad misteriosa que supimos andar juntos.
Y en eso, haciendo cuentas de cosas incalculables, que no pueden mensurarse pero aún así, enumero, me doy por hecha.
Es cierto que duele el dolor de no tenerlos,  pero qué dicha haber sido parte de su vida, que lo hayan sido de la mía, abrigos en invierno, frescor en le verano, preguntas clavadas en las certezas, como puñales que duelen, pero obligan a pensar...Libros de John Berger, de Ranciére, de Baricco, poemas de Nicanor Parra,  también teologías del absurdo ateo, y filosofías materialistas del creyente obstinado (y claro que será una obviedad, también de Foucault, de Lacan, pero no salgamos del código, la señal de identidad y pertenencia, de mirarnos sin necesidad de decir más nada).


También como brisa suave, nos pasan cerca otras pérdidas. Nacidas de cobardes traiciones, tramadas en las sombras de quienes prefieren las cuevas húmedas y oscuras, esconder la mierda debajo de la mierda, y escapar cuando el olor los delata.
Brisa que se va y nos deja, pasados el llanto y la desilusión, livianas. Ahí, al fin somos libres.
Cayeron las caretas, vimos el abismo, caímos en la madriguera, y le dimos la espalda.
Se nos gastó el calzado, es cierto, de tanto andar cuesta arriba, a pura tracción a sangre, como a Harold Fry en su insólito  peregrinaje (que me quedé sin pasarles, que al final no leyeron y no pudimos comentar, ¡puta madre!)**
Libres y decididos, para recordar a nuestros amigos y amigas muertos, amados por siempre.
Libres para olvidar a los que aún vivos, eligieron para nosotros la muerte.
Y hay la enfermedad, y el dolor, el dolor y la muerte, el ciclo del eterno retorno...
Y el goce auto complaciente del doler que duele por un dolor que no existe, y que no se conmueve ante el dolor genuino, sino que lo usa y lo aplasta, y lo aprovecha, como si nunca se fuera a descubrir el engaño.
Hasta que eso sucede.
Y está la vida que llama, siempre llama, siempre late, incluso, cuando late solo en quienes nombramos a los que ya no responden.
Y así seguimos, tracción a sangre,


* Citado por Barnes, Julian en El loro de Flaubert, Anagrama 1994.
** Joyce, Rachel, El insólito peregrinaje de Harold Fry, Salamandra, 2012.

lunes, 22 de junio de 2015

Limónov, según Carrère


 "El que quiera restaurar el comunismo no tiene cabeza; 
el que no lo eche de menos no tiene corazón" 
(Vladímir Putin)*


1.

Limónov es el seudónimo con el cual Eduard Veniamín Savienko decidió un día triunfar y ser reconocido como escritor soviético.
Limónov: ácido como el limón, explosivo como una granada de mano.

Después de leer la biografía de Emmanuel Carrère (Anagrama, 2013) podríamos decir que su vida ha hecho honor al significante de este seudónimo.
Nacido en 1943, hijo de un oficial pobre y de bajo escalafón de la Checa en la ciudad ucraniana de Dzerzhinsk, este increíble aventurero, provocador, artista, político y soldado.
Al menos eso es lo que nos da a entender su biógrafo francés,  Carrère, de quien vale la pena mencionar que es, a su vez, hijo de un empresario y de una de las historiadoras francesas más reconocidas,Hélène Carrère -de soltera, Hélène Zourabichvili- destacada especialista en la URSS, que en 1978 predijo la caída del régimen soviético y era hija de un  ruso blanco que huyó debido a la revolución de 1917. Por lo cual podría explicarse, en parte al menos,la mezcla entre fascinación y rechazo que su personaje (el escritor ruso)parece provocarle al escritor francés, que además lo trató socialmente en el París de los años y entrevistó personalmente. Creo que hay algo de relación especular entre ambos y eso al menos hace de esta biografía novela, o novela de un biógrafo, una lectura imposible de abandonar una vez comenzada. 

2.       
Eso y muchísimas otras cosas nos cuenta Carrère, aunque no nos dice nada sobre el corazón del vínculo de Limónov con la escritura y no sabemos si en el fondo Eduard escribe porque su deseo ese ese, o si la escritura es para él uno de tantos medios de expresión de su potencia de vida, su arrebato eslavo, su intesidad. Esta biografía de un personaje que, aunque Carrère aclara que es real, parece en muchos momentos un personaje de esta suerte de ficción de aventuras que es su vida. No podemos dejar de preguntarnos cuántos dispositivos del deber ser y del mercad del colonialismo occidental y de las modas en el campo cultural, en la circulación de libros  y de autores, están en juego como para que no sepamos nada de Savienko.
activista
Le pregunto a varios amigos y amigas lectores, cultos, curiosos, informados, nada. Si no fuera por PM (gracias una vez más), que me lo recomienda, a lo sumo sería una novela de Carrère y no la historia de uno de los escritores más destacados de esta época, al menos, para los cientos de miles de eslavos.

3.
De sus novelas, de su  capacidad para mutar y quemar naves, transformarse a sí mismo y vivir varias vidas, como un gran aventurero que supera con actos, según intuyo, cualquiera de sus propios relatos autobiográficos. Durante su infancia es un bien niño proletario que respeta a su padre, oficial chequista -un miserable "botón", a nuestro decir- y admira a Stalin. En la adolescencia se convertirá en delincuente, y se destacará por sus alianzas con otros pibes que, como él, intentan escapar a sus opacos destinos "proletas" en una ciudad de monoblock soviéticos donde pueden convertirse en obreros textiles o delincuentes....hasta que descubre que existe una opción distinta, que puede salvarlo: ser un joven poeta del under. Limónov descubre que la vida bohemia propone una aventura y tal vez una vía de escape a ese destino en la fábrica monótono y aburrido. 
Será, más adelante, poeta, vagabundo, amante de la librera judía, Anna: gorda, desquiciada, mayor que él y ninfómana, como casi todas las mujeres de las que se enamorará luego de dejarla. Limónov será artista de vanguardia en Moscú, luego, será homeless, prostituto y marginal en los 70 en Nueva York, adonde viaja junto su esposa, la poeta y modelo Helena Shchápova; se dejará arrastrar a cualquier abyección, cogerá con otros marginales como él, negros pobres que deambulan por Central Park, y con las modelos rusas más fascinantes que lo acompañan en esa aventura neoyorquina.Se emborrachará, 
Con su esposa Natalia M.
escribirá como si fuera un personaje de Dostoievski que quiere librarse de sus demonios: la nostalgia por ese país al que cree que jamás podrá volver, donde todo era tan gris y tan triste, pero donde nadie se moría de hambre, los artistas y los demás trabajadores podían educarse gratuitamente en las mejores universidades y los trabajadores se sentían orgullosos de su Patria, aun con la vergüenza de convivir con crímenes silenciados, con la paranoia de las delaciones, en esos komunalkas donde todos espían a todos, pero donde se recuerda con el alma y con el cuerpo la heroicidad de los veinte millones de compatriotas caídos en la Gran Guerra Patriótica.
Limónov será sirviente del millonario Steve en los 80, y será la nueva moda europea en materia de escritores rusos; se codea con ellos y se da el gusto de despreciar íntimamente la estoica, exitosa y pública dignidad de Solzhenitsyn, exiliado, de un  Joseph Brodsky que semeja, para mí, a un Truman Capote de los 80 en los bares y cafés de NY...o...Limónov puede pasar tres o cuatro días en un terrible zapói a consecuencia de que Helena, o Natalia Mendéveva, la segunda mujer de a cual se enamora -cantante fracasada, alcohólica y también ninfómana-, finalmente lo deje por alguien con más estabilidad económica que pueda garantizarle una vida más confortable.

4.
Será el personaje maldito para los progresistas franceses que luego de fascinarse con él, lo verán horrorizados en Youtube disparando con una metralleta sobre la ciudad de Sarajevo durante la guerra de Bosnia, fundar el Partido Nacional Bolchevique, viajar al corazón más continental de Eurasia en una aventura proselitista que tendrá derivaciones místicas...Encabezar movilizacioes y actos que serán juzgados como terroristas contra los regímenes liberales de Gorbachov, que convencieron a la población que nazismo y estalinismo eran sinónimos, sin reconocer las muchas cosas valiosas que el comunismo tuvo para los pueblos eslavos durante 70 años.
Denunciar a la mafia que pone a Yeltsin en el poder, o contra la capacidad de Vladimir Putin de arrebatarle- o al menos eso fantasea Carrère- el liderazgo político para recuperar el orgullo que supuso ser ruso durante el régimen soviético. Asustado y fascinado por este personaje que encarna a la perfección el prototipo del aventurero, provocador narcisista, Carrère señala sus contradicciones ideológicas, políticas, estéticas incluso. Lo estudia como a una pieza de interés científico, bajo el lente del microscopio, buscando explicaciones para sus contradicciones y pasiones, para ver el fondo de este hombre capaz de asociarse con fascistas, seducir a los millonarios norteamericanos, vender miles de ejemplares de sus novelas en Europa; disparar sobre una ciudad sitiada, de mayorías musulmanas, para reivindicar la memoria de los millones de rusos que dieron la vida por sostener la Unión Soviética. 
Aliarse con el ex campeón mundial de ajedrez, Kaspárov, devenido político de derecha; Eduard y os jóvenes militantes nasbol (nacional Bolchevique) y su bandera que semeja la cruz gamada nazi, pero reemplazada por la hoz y el martillo; Limónov tapa de la Rolling Stone, con alguna de su novias, siempre border, siempre bellas, siempre jóvenes...
5.
Carrère lo estudia y descubre también que Eduard sólo encuentra la paz en el apasionado sexo que practica con las mujeres a las que ama; en el contacto con los hombres y las mujeres del pueblo ruso, los marginales, los "proletas", los perdedores de todas las batallas y de todas las guerras...Incluso, cuando finalmente lo mandan preso en 2009, acusado de terrorismo, con los privados de la libertad.
Impecable en su escritura, detallista y cautivante, el francés no deja de expresar a un Occidente que se ha vuelto evitativo de la vida. Una cultura que para ahorrarse la angustia que es constitutiva de lo humano, para no tener que afrontar la desgracia, la injusticia, el conflicto y la muerte que son parte de la vida en sociedad de esta curiosa especie que somos, prefiere el soma del paradigma medicamentoso, o las para religiones y terapias alternativas...¡cualquier cosa menos un ruso que desborda humanidad, con todas las oscuridades y brillos llevados a los extremos!
No me sorprende que tan pocos lo conozcan en estas geografías hegemonizadas por las poderosas máquinas culturales del mercado de libros.
La bestia está suelta. 



*Carrère, Emmanuel, Limónov, Anagrama, Argentina, 2013, 396 pág.

sábado, 6 de junio de 2015

Vi tu sonrisa detrás del Basquiat

Habías sido mi amor.
Completion Date: 1983
Un amor quizá no del todo realizado, no consumado, inconcluso antes de empezar,
como una pequeña historia de melodrama ruso pero en La Plata, o en alguna ciudad costera, o en un avión, o un colectivo: pasajero como los pasajeros de ese viaje.
Un amor que era como ir mirando por la ventanilla y tener cinco o seis años y  desear llegar al hotel para poder ponerse a jugar con las muñecas nuevas, mientras el paisaje corría como una cinta, como si no nos moviéramos, y el tiempo se detuviera casi, lento, sólo para contradecir nuestro deseo.

Vos eras como un perro rabioso, como un negro o un latino pobre dando vueltas drogado por las calles de una ciudad rica, como Nueva York o Londres o Barcelona. Pero en el fondo yo intuía tu dulzura, tu mirada se quedaba posada en mí, y en ese más allá de mí donde eras como un héroe anti heroico.
Un perro rabioso echado a su suerte, laborioso con las manos, inteligente en el dibujo y en la imagen, habilidoso para construir obra de la nada. Un perro rabioso al que nadie había querido darle calor y alimento y entonces andabas por ahí ladrando, en medio de una manada de perritos bobos,* hijos de #mamáypapá, #hippiesconOsde, que ladraban como caniches malcriados.

Un John Snow, un bastardo.
Tu mirada era una mirada envolvedora que acariciaba, penetrante, pero a la vez una mirada perdida, que añoraba Todo, que pedía tomarlo todo y yo, como siempre: quería escapar, ser libre (?), no entregar todo, guardarme algo.
Romaine Brooks, La condesa Anna
Corrí a encerrame en un baño y te dejé ahí, rodeado de esas chicas tan cool, que se podían coger a un perro rabioso como vos, pero con los años se casarían con un Golden o un Labrador, que las pudiera llevar de vacaciones y regalarles perfumes importados y pulseras de oro para los aniversarios, y pagarles el colegio de los chicos y, quizá, tener un par de perros rabiosos bohemios entre sus amigos, y un amigo gay con glamour, para adornar la mesa de tanto en tanto, en celebraciones especiales.
Como si fueran señores que viven en un Saint Germain posmoderno.
 ******
Escapé de tu mirada.
Mezquina, ponele, o quizá necesitaba reservarme esa parte de mí para mi pequeño, para mis libros, para estar sola, para enredarme en mil historias de ficción, jugando a las muñecas como hacemos cuando somos grandes: con palabras, con historias imaginadas.
Quizá necesitaba ser, y tu amor me parecía que podía mutar en una cárcel, en un ahogo,  que acabara con nosotros al acabar nosotros.
Me dejé llevar por mi faceta Alfonsina o Romaine Brooks o Coco Chanel, quién sabe.
Y bueno, estaba el otro asunto, las almas bellas. Crecían a nuestro alrededor como hongos. Nos despreciaban, nos deseaban nos intuían. ¡Y siempre sabían lo que había que hacer!
Almas bellas que...¡ay! Sabían, más que nosotros, de nuestra historia de amor anidada en las miradas, no dispuesta a la desilusión que suponen las consumaciones.
Nos enredaron, nos dijeron lo que era correcto o incorrecto y mi histeria y tu borrachera claudicaron.
El baile nos arrastró afuera de la pista, y caímos.
Vi tu sonrisa detrás del Basquiat.

Por un segundo fui Lol V. Stein.
Vi que me mirabas, terciopelo en mi piel, promesa con sonoridades urbanas de Babasónicos.
Eros a punto de ganar la batalla.
Y después, todo fue silencio y olvido.



* bourgeois bohemian (burgueses bohemios), término inglés tomado de Carrëre, Emmanuel, en Limónov, Anagrama, 2013, pág. 25. Son liberales en lo económico pero le gustan los valores contraculturales. A

sábado, 30 de mayo de 2015

Feliz de renovado desencuentro

Lo miré.
Georgia O'Keeffe 
Me miró.
Nos gustamos.

Al calor del sol otoñal, once again esta flor se abrió.

(después, es inevitable, nos caerán encima, como mochilas cargadas con caracoles llenos de milenarias arenas:
deberes y mandatos,
promesas y pactos,
hogueras apagadas,
soledades texturadas de reproches).

Lo miré, me miró, nos gustamos.

Y me fui feliz de un renovado desencuentro.

martes, 19 de mayo de 2015

y si los nombres de Flaubert, y Nabokov, y Chejov te causaban una especie de euforia

"En el mundo no hay más que conversación."
(Marcel Proust)


I
Depende cómo uno estuviera, pero la cosa podía parecer una versión paródica, y berreta, de un capítulo de American Horror Story, ponele.
Diestra y siniestra, según el lado del espejo.
Las mirabas y lo que veías era a unas señoras moralistas,
que se vestían mal
no por rebeldía sino por un estructural rechazo por todo lo que consideraban frívolo...
¡¡¡ellas se consideraban "profundas"!!!

II
Profundos son los abismos,
los pozos donde caen las niñas como Alicia,
los laberintos donde habitan los minotauros
...mis queridas.
¿No saben que Swann enseñó hace mucho que el gesto frívolo puede tener como propósito hacer brillar a la persona inculta,
reconocer al invisiblizado?
Es de gran profundidad del alma ser un buen frívolo,
para eso se requiere ser amable (y amador),
ser elegante, sofisticado digamos,
conservar la humildad propia de los linajes perseguidos, y entonces se finge frívolo,
como Swann,
que también lo hace por amor,
para no opacar con su capacidad de bucear en aguas profundas del alma humana y de la cultura,
de la política y de la vida,
de la religión y de su rechazo.

III
Ellas no saben,
porque para saber esa clase de cosas hay que estar vivo y para estar vivo hay que arriesgarse.
Ellas no saben, porque esos saberes hay que adquirirlos uno mismo, uno solo, uno como resultado de la experiencia de la vida, de arriesgar el cuerpo, de ponerlo, de dejarse modificar y atravesar por la contundencia de algunas lecturas, algunas vivencias, algunos amores, algunos abismales pozos de profundo dolor,
de los que se emerge solamente por medio de alguna verdad y de algún deseo
por los que, sabido es, hay que pagar un precio.
Ellas no eran  ni profundas ni nada genuino, apenas imitadoras, siamesas espejadas de originales inconclusos: leían lo que había que leer,
veían las películas y series que había que ver,
tenían las posiciones políticas que había que tener...
¡Ay, eran tan asquerosamente correctas!
¨Podían pasar décadas con el culo apoyado en la misma silla, en la misma habitación , en la misma oficina, mirando por la ventana la copa de un mismo árbol que muda de primavera a invierno, de verano a otoño,
que muda,
mucho más que ellas

IV
Calculá  que es probable que lo más atrevido que habían hecho en su vida fuera una escenita de sexo con algún pelmas que ni siquiera era muy guapo ni cogía muy bien.
y espiar por la cerradura o el muro de la red social.
Sentían aversión por la belleza en estado puro, en estado de excepción,
tal vez porque la belleza, sabido es, puede poner en riesgo nuestra seguridad, puede desencadenar tragedias, puede hacernos sucumbir de temblor, puede desquiciar nuestra razón y curarnos de nuestros goces demoníacos...
O dejarnos tan lejos y solas como si fuéramos Loles Von Steines.

V
Y entonces, a ver si todavía caemos en el amor,
 y nos vemos obligadas a elegir, y a tomar decisiones un poco más éticas y menos moralistas, menos zonzas, menos pacatas....
No.
Ellas sentían  rechazo por cualquier saber que produjera verdad, o la esperanza de verdad, porque  sucumben a los espejismos, que dan mucho menos trabajo y se pueden comer en la cena sin problemas de indigestión.

V
Pero en cambio,
si justo habías estado leyendo a Nicanor Parra,
te podías llegar a cagar de risa de esas escenas mezcla de ese pathos  de las redes sociales, ese menjunje de autobombo y decadencia.
Si justo acababas de acabar,
si estabas tomándote un buen vinito o escuchando Fuerza Natural o fumando unas buenas flores,
ponele.
Si andabas leyendo a un escritor noruego, o a un alma rusa algo nerviosa,
o si estabas leyendo a Barnes o a P. Dick, o a Hornby o J.C.Oates, o a Alice Munro o a Truman, o si eras #fanáticaenferma de Proust, o tenías tres ladrillos de Irving leídos nada más que el último año, o si descubrías poemas de Leminski y Lemebel,
si te estremecían cosquilleos en la médula espinal
y te sentías emparentada de algún modo con el mundo de Nina Berberova,
y escuchabas por la tarde una canción del romacero español como si la vida fuera eterna,
y si los nombres de Flaubert, y Nabokov, y Chejov te causaban una especie de euforia,
y leías a Patricia Highsmith en la juventud.

VI
Y volvías a una y otras vez a buscar "lo irremediablemente perdido":
 tu infancia en Dickens,
tu primer deseo de justicia social en Zola,
tus sueños de precoz erotismo en Cortázar y en Tolstoi,
tu alegría por el humor inteligente en Bioy,
y los ruiseñores en O.W.,
si no te importaba el canon
si el cine #pretenciosoberreta te causaba arcadas antes (y ahora)
si no te impresionaban los atributos del poder que no puede, pero reconocías al poder que si puede.
si todo eso...
(Ay, Dios, cerca de ellas  me ahogo como Marcel en un ataque de asma.)

martes, 21 de abril de 2015

Cruzando el río en bicicleta, Ana Cecilia Prenz Kopusar

"En Belgrado fui a dos escuelas, aparte del jardín de infantes. La primera se llamaba Vlada Aksentijevićdonde hice quinto y sexto grado. La segunda Sava Kovačević –la de la canción del comandante– donde terminé séptimo y octavo. La melodía del comandante la repetíamos a menudo con el coro. Creí al pie de la letra lo que me enseñaban. Bratstvo i Jedinstvo, Hermandad y Unidad, era uno de los tantos eslóganes. Sonaba tan bien y sobre todo creíble. Fue linda mi adolescencia en Belgrado, en Yugoslavia. No sé si es el pueblo serbio con su calidez, con su capacidad extrema de hospitalidad que me hizo sentir siempre en casa. Nunca, como entonces, volví a percibir tan fuerte el sentido de pertenencia. Y pensar que era pequeña; no pequeña, jovencita. Lo suficiente como para comprender que era una persona. Tomé conciencia de mí. […]"
Leo esta novela, Cruzando el río en bicicleta,*  y vuelve.
Vuelve como de un viaje la infancia.
En boca de esta poeta y prosista, escritora en tres lenguas, viajera en mil mundos, vuelve Betina, la querida amiga de mi hermana, de la escuelita, y su hermana "grande" Ana Cecilia, hoy una reconocida escritora, Licenciada en Disciplinas del Espectáculo y en Literatura, especialista en los aspectos interculturales del teatro, y sobre todo, diría yo, en cómo se construye una identidad en medio de guerras y exilios, cómo reconstruirse en distintas lenguas, y volver a educarse y a educar, y volver a cultivar la amistad, gozar de lo cotidiano, la comida, los paseos, cómo posicionarse políticamente para transformar el mundo, qué lugar ocupa la violencia en nuestra vida...
Volver a amar.
A pensar el papel de la escuela y sus distintos modelos pedagógicos, escuelas que contienen a los niños y niñas que sufren, o escuelas indiferentes que expulsan...Profesores dispuestos a hacer de la palabra y la lengua un territorio común, y docentes que están demasiado ocupados en cuestiones administrativas como para ocuparse de educar a los distintos, los otros,  los habitados por Otros...
Ana Cecilia, la hija "grande", distancia dada en la infancia por los hoy apenas 6 años que separaron nuestros nacimientos.
Vuelve la casa de su abuela en Ensenada, emerge en forma de novela, con una bella prosa es liviana para relatar lo denso, y permite que no nos afixiemos al recorrer tantos mundos perdidos por la enfermedad, la represión, el exilio político y la emigración.
Vuelve la casa donde, no en la novela sino en mi memoria, saltábamos las cuatro niñas en la cama matrimonial de los abuelos, poniendo en serio riesgo los resortes del colchón, como se tratara de una caminata lunar, hoy camas elásticas...Yuris gagarines, eslavos despatriados.
Casa donde después, furtivamente, fuimos con mi padre a rescatar libros y otras pertenencias "peligrosas" de los amigos a los que el país expulsaba...y que mi padre, y otros amigos, enviarían en la bodega de un barco, algo que para mí configuraba una especie de película, con puerto y brumas y espías...una película no tan lejana a la espantosa realidad.
Novela de construcción de identitades y exilios, de infancias perdidas y recuperadas, de pedagogías de amor y pedagogías opuestas, de escuelas a las que no se va para aprender sino sabiendo (la lengua, ay, la posibilidad de comunicase pero también la frontera).
Ana Cecilia va y viene en el tiempo, de su nacimiento en Yugoeslavia, que ya no existe, hija de argentinos (Octavio y Chiquita Prenz en mi casa); su infancia platenses/ensenadense, luego en Bragado, luego Triste...Sus rebeldías y adaptaciones sus amistades perdidas y reconstruidas, el calor de las comidas, la calidez de los serbo-crotas o croatas serbios, la sequedad triestina, la chatura de una Argentina que no reconocía su propia tragedia, silenciosa...callada.


Ver más: http://librosdelatalitadorada.blogspot.com.ar/2015/01/ana-cecilia-prenz-kopusar-cruzando-el.html

*Prenz Kopušar, Ana Cecilia, Cruzando el río en bicicleta, De la talita dorada, City Bell, 2015.

domingo, 12 de abril de 2015

Esperar que ella fuera ella

Ella hablaba y yo le miraba las manos
su relato la iba de viajes, y vestidos y opiniones políticas y comentarios de películas y todo eso...
Y yo le miraba los gestos y veía las manchas en la piel, las uñas cuidadas, el anillo de plata con la piedra engarzada,
veía en ella, la de ahora, a varias: la que había sido antes, la que yo imaginé que era, la que me hubiese gustado que fuera
Y ella hablaba y hablaba como cualquier señora bien, culta, refinada.

Pero no se parecía así en nada a la que yo recordaba,
que era rebelde, combativa, original
y se reía con cierta insolencia de las convenciones y las ideas pocos originales y en esa risa se hacía jovencísima.
Y yo la quería igual, aunque no la encontrara.
La miraba y pensaba que estaba actuando, que era como una obra de teatro y que yo no tenía derecho a esperar que ella fuera ella.
Y no esta nueva,
solo para no tener que irme con esa sensación de que todo lo que vive está destinado a morir y a ser olvidado.

lunes, 6 de abril de 2015

Sé que no es pálido tu fuego, es vuelo eterno de mariposa D


"La ninfa se desgarra como se había desgarrado la oruga, en la gloria de una última mutación, y la mariposa se escabulle hacia el exterior y se queda suspendida de la ramita para secarse. Al principio, toda húmeda y arrugada, no es muy linda que digamos. Pero esos accesorios fláccidos que liberó pronto empiezan a secarse, a crecer, sus vénulas se ramifican y endurecen, y en no más de veinte minutos la mariposa está lista para volar."(Vladmir Nabokov) *


Dice tu nombre hebreo que sos como la abeja trabajadora, incansable, ,דְּבוֹרָה . Y también heroína valiente que libera a los suyos, con los dones especiales de la sabiduría y la profecía, qué duda cabe. 
Hacías de las flores néctar de miel, circuito de la vida que empieza pero nunca finaliza. 
Polen, vuelo, flor, panal, celda, jalea, alimento. Dulce alimento, fruto del esfuerzo pero también del amor, nacido del deseo.
¡Ay! Lo dulce, ya sabemos... Todo eso del azúcar y la glucosa, y la miel...
Hay lo libre (¡Ay!), qué miedo da, qué difícil aceptarlo, qué manera de enseñarnos, amiga.
Elegancia azul, elegancia sofisticada, que dice del cuidado de las formas como tributo a la belleza de la vida, vos.

#Deboraabeja, deboadoradoras, nosotras.

Dicen que las metamorfosis son renaceres, resurrecciones en formas más perfectas, aladas, libres. Adiós capullo de seda, bienvenido viento del otoño que te lleva a volar, libre ya de los pesares.
Dicen que hubo un eclipse de Luna para honrar tu partida. Un fenómeno extraordinario y poco frecuente. No nos sorprende, es algo a tu medida.
Nosotras, insectos terrestres, ponele, no sabemos mucho de eso. Casi nada.
Pero dicen que N sintió el aleteo el sábado a la madrugada, que a L le llegaste como reflujo en tu despedida, que M inmediatamente acusó recibo del significante mariposa  y acá estamos, todas de nuevo, intentando llenar el vacío con palabras, continuar con vos esta charla.
Talia y Pedro empapelaron el cielo de las redes sociales con fotos de tu sonrisa, vibrante y contagiosa.
Todas tus amigas acá y allá, enviándote mensajes para acompañar tu vuelo, mensajes de orugas, algo tontos, algunos mudos, otros de palabras, lo que podemos.

Te extrañamos tanto, mariposa.

Te dije la otra vez que eras como Mashenka, el personaje de la novela de Nabokov del mismo nombre, tan amada e inolvidable como son los amores de nuestra primera juventud. Demasiado breves, pero los más intensos, los que viven por siempre.
Y M dice ayer lo de las mariposa, lo de la  Dra. Elisabeth Kübler-Ross, que enseña que "morir es trasladarse a una casa más bella, 'se trata sencillamente de abandonar el cuerpo físico como una mariposa abandona su capullo de seda'." 
Yo de mariposas no sé nada, casi, pero esto tampoco puede ser casual.Yo no sé casi nada de nada...


eclipse total de Luna, madrugada
4 de abril 2015
Aunque si sé un par de cosas:
sé que no es pálido tu fuego.
Sé que vive en Pedro, en todos los que te amamos.

Y luego, sigo leyendo, como si estuviéramos conversando de esto en tu casa, mate por medio, y en cualquier momento estuvieran por sumarse a la charla  R o tus padres, que andan tamibién por ahí  y tuviéramos que disimular un poco nuestras verborragias, para que no confirmen que estamos medio locas, y saltamos de un tema a otro con whatsapp incluido  y charlas transocéanicas, también atravesando (vos valiente, nosotras, yo, temblando) esas conversaciones que hubiéramos preferido no tener nunca. 
Y vimos la película y nos dijiste lo que tenías que decirnos.
Sigo leyendo  y nos dice Nabokov, borgianamente: "Había un filósofo chino que toda su vida se preguntó si era un filósofo chino que soñaba que era una mariposa o una mariposa que soñaba que era un filósofo"*...

Había unas amigas que soñaron que eran orugas, y al despertar descubrieron que una de ellas se había convertido en mariposa.
Soñemos, queridas.


*Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1948.html