martes, 11 de enero de 2022

Para ser

 Para ser un buen amante hay que saber desear. Hay que poder regocijarse del instante sin distraerse en la culpa o la obsesión. Hay que


abandonar la pose.
Dejarse ir, tratar de arrastrar al otro ahí, hacia la petite mort, o quién sabe cómo nombrar lo que siempre se escapa a la palabra a fin de cuentas.
Lo que nunca se agota y siempre nos encuentra.
Por eso hay que tachar a un par de contactos de la lista, Narcisos: #gohome
Por eso hay que abrir el juego a lo inesperado.
Por un maldito instante suspender el pesimismo, cerrar un instante los ojos, mirar desde afuera del monstruo que habitamos, y nos habita.
Tal vez, por una única y extraña vez, confiar.

martes, 21 de diciembre de 2021

Nos fuimos viendo envejecer


 Nos fuimos viendo envejecer, pero eso, eso no es nada.

Nos vimos ir muriendo, pero eso, aunque es algo, claramente es algo, no es lo mismo que sus últimos suspiros en la noche, el olor a miedo, el olor a muerte (la muerte huele mal y no es blanca ni limpia como en aquellas canciones, en esos viejos romances, como los glaciares).
Tomé su mano y no sabía, pero después supe y después tomé otra mano y otra más.
Te vi hundida en la almohada, con esa mirada que apenas pude sostener porque era como si me pidieras una postergación, una certeza, como si yo pudiera prometerte más tiempo de este lado y apenas pude acercarte una amiga aliviadora de dolores y una canción grabada especialmente para vos por un cantante que te despertaba un poquito mientras ya empezabas a cruzar ese umbral que nadie sabe.
He sido estúpida. He dejado escapar la vida ocupada en el trabajo de las horas y los días y el esfuerzo que se pierde en la hoguera de las vanidades y alimenta cuentas bancarias de quienes no creen en nada pero saben simular todo lo que hace falta en la escena de esta comedia trágica. De esta tragedia.
No sé si llegaste a saberlo pero yo creo que sí. Los hijos a veces duelen como un edificio que se derrumba sobre nuestra espalda y nuestro pecho al mismo tiempo, los hijos que no fueron y acunamos en sueños también, pero de otro modo. Son como promesas escapadas de una jaula , promesas de que podríamos haber hecho las cosas menos mal.
Duelen mientras las gotas caen en la sonda y el calmante te va adormeciendo y sabés que no podrás protegerlos y te ahoga ese nudo de haber hecho casi todo mal y ya no poder repararlo porque el fin.
Nos fuimos perdiendo.
(Acá no faltará quien me dirá que no sea tan trágica y que la vida es bella y que mirá todo lo que tenés y eso y vos no te vas a poner a discutir porque no se trata de eso y cada quien carga sus muertos y las muertes como va pudiendo che).
Te vi desde la plaza y estabas encorvado y gordo, desplegando tu plumaje como siempre frente a una mujer con un pantalón blanco, y sentí, ya era hora, que era un alivio que no me hubieras querido más que como querés vos a las mujeres, como decorados o como escudos protectores de esos fantasmas que te acechan en la noche, que te vienen de adentro.
Te usa, te utiliza, no le interesás, me decían mis amigas. Y vos querías saber qué decían mis amigas (nunca te dije) porque no era yo, sino lo que se iba a decir de vos lo que te interesaba como le ocurre a las pavas y pavos reales, sobre todo cuando sus plumajes empiezan a decaer y se va haciendo evidente que no son aves que puedan volar. Animales seductores, mientras no se los vea con frecuencia. Animales que pueden picotearte un ojo, enemigos del esfuerzo, enemigos de la compasión, amigos de los espejos, animales de los que hay que mantenerse a salvo.
Quizá todos queremos que alguien nos cuide del asedio de esos fantasmas, que alguien nos abrace cuando llega el llanto por los muertos que estamos duelando y por los vivos que no nos quieren aunque daríamos (y demos) la vida por ellos. Que alguien nos abrace en la noche como si no estuviéramos envejeciendo, o precisamente por eso, que alguien nos abrace en la noche, y aleje por un instante el cortejo de muertes y de injusticias y miedos que nos doblan la espalda, mientras navegamos entre los témpanos milenarios.

viernes, 3 de diciembre de 2021

No digo que la verdad esté en el exilio


 La portada la elegí consultando amigas y familia con saberes de arte, mientras mi espalda rota descansaba en un colchón amoroso, y mis ojos rejuvenecían mirando el paraíso hecho de laguna silvestre y milenario Lago Argentino.

El mensaje de P (que pertenece a la liga de los dos P de cuero, #saynomore) llegó por WhatsApp, las propuestas eran una más linda que la otra, se había captado algo que yo no sabía.
(Conviene señalar que yo nunca, o más bien casi nunca, sé).
Quién puede saber sobre qué escribe, hasta que escribe, dijo una gran maestra loca escritora. Rota.
Como tantas mujeres que escribimos.
No digo que la verdad esté en el exilio, pero en esos márgenes y fronteras siempre hay algo, además de viento patagónico y melancolía.
Rosas en el viento y melancolía.
Canciones y melancolía.
Todo este dolor que se quedó en las vértebras, todo esto que ya no puede sostener casi nada. Casi ninguna mentira, casi ninguna farsa, casi ninguna desilusión más, media desesperación y un vaso de vino, y una canción de Dolores Solà cantada una noche primaveral en el Teatro Argentino, ponele, y esos recuerdos de los muertos que son yo, y esos recuerdos de los vivos que ya no nos quieren.
Y aun así, acá, en esta humedad platense, habrá obras nuevas, mariposas, besos, poesía.
Y ojalá encuentren algunos corazones predispuestos.

sábado, 6 de noviembre de 2021

Roleo

 Roleo.

Veo fotos en las que las personas se ríen, no sé de qué se ríen. Se ríen para vender pasta de dientes, lo entiendo. Tiene sentido.
Se ríen para promocionar una comedia, nada que decir.
Suben una foto riéndose, acompañada con un texto que muestra un acontecimiento familiar, social , político, laboral, que invita a la risa, genial.
Se ríen en al compañía de una niña, de un nene que juega, o de estudiantes en una clase, o de un amor que abraza, o de amistades en plan diversión o reencuentro pos encierro, o en un concierto de rock, y claro, bienvenida alegría .
Pero luego -como si en este reinado de la Imagen de la Gente Que es Feliz y tiene su sonrisa blanca brillante y su ropa de ensueño Sin Causa Aparente Más que Ser Quienes Son con todos sus privilegios de Clase y el pelo profesionalmente despeinado (la apariencia de lo descontracturado requiere de sus estructuras)-, yo fuera una extranjera indocumentada, como si fuera lo que estoy siendo, una mujer madura de un país del Sur de los sures, saqueado, agobiada como vos y como ella y como él ante tanto dolor acá y allá que ya no puedo pensar ni entender estas curiosas estrategias que antes se decía que armaba el Diablo y ahora las llamamos por otro de sus nombres: tener la subjetividad colonizada por el neoliberalismo, que es como una forma de posesión diabólica sin la esperanza aparente de un exorcismo salvador ni evocación divina, estar siendo apenas una sobreviviente que trabaja y trabaja, una persona que vive en un barrio donde cada día y todos los días me tocan la puerta para pedirme trabajo (porque ya sabemos del estrago pandémico), o comida, o plata personas Que no Se Ríen Ya Casi Nunca Porque No tienen Muchos Motivos para hacerlo, donde cada semana hay un hecho violento de alguien que roba o golpea o abusa porque parece que toda la violencia del saqueo y el fascismo no hace más que parir estas durezas amargas, sin sonrisas ni risas como no sean las sonrisas cínicas de los machitos vergudos que no pueden nada sino es por la fuerza, o de personas que son las Grandes Vende Humo todo para mí y nada para vos pero con una gran sonrisa.
Soy una extranjera en esta tierra de Sonrisas Sin Causa ni Explicación que no sea la falta de registro del dolor, de la necesidad, o de locura, que sonrío cuando veo una obra de teatro como Mi hijo sólo camina un poco más lento, mientras lloro y me hago preguntas por dentro.
Roleo, y no sé qué quieren decir todas esas fotos ni a quién le hablan, desde sus cúspides lejanas y felices, sus fiestas donde no comprendo las reglas de juego.
Y pienso que soy yo la que camina cada día más lento, que no alcanzo a este tren cargado de Sonrisas Inexplicables que colonizan las redes donde antes quizá alguna discusión de política, literatura o arte se ponía buena y hasta se podía escribir largo, con muchas subordinadas, con gramáticas rebeldes por sí mismas, sin que la policía de la escritura y la comunicación en redes nos avisara que así está mal, tal vez nos cancelara, nos comentara que no somos lo bastante claras, (o peronistas, o feministas, porque siempre hay alguien con una Sonrisa espléndida y un manual de corrección nieto de una Lubianka latinoamericana que Sabe Lo Que Está Mal, aunque no tenga una sola pregunta acerca de lo que está bien, o lo que simplemente está ); que estamos sufriendo desviaciones ideológicas, aunque vos tengas el cuerpo roto literalmente, y marcado por la cantidad de veces que no pudiste reírte ni sonreír frente a todo ese dolor, y solamente pudiste, quizás, en silencio y sin foto, tender una mano, una palabras, unas cuantas horas de tu vida hasta enfermarte, un texto apurado y mal escrito en un teléfono con una ilustración de una artista que no conocés pero seguís, en esos modos de lo humano que ya no nadie nunca nada.

lunes, 15 de febrero de 2021

Máxima aventura

Para M.

Máxima aventura

Pasaremos la rompiente

Aunque nos de mucho miedo

Yo te sigo, vos seguime
Desde la orilla nos envían buenos deseos
Volveremos cuando tengamos los labios violetas de frío
O un pez se atreva a meterse entre nosotros confundiéndonos con criaturas marinas
Y olvidaremos las pestes y las redes sociales y todo ese ruido
Yo te sigo, me gusta ver tus brazadas y la espuma y esta adrenalina.







domingo, 27 de diciembre de 2020

Reflexiones político pedagógicas de fin de año. Un helicóptero, una Navidad inédita y “un instante para la imaginación”

"Lo que debemos realmente apreciar en la educación

es que a nuestros hijos no les falte nunca el amor a la vida".

(Natalia Gonzburg, Las pequeñas virtudes)


Por hacer declaraciones que vinculan la pandemia con las prácticas depredatorias del ambiente y de la explotación humana neoliberales, el diario La Nación estigmatizó este año a Adriana Puiggrós, mientras ocupaba el cargo de Viceministra de Educación de la Nación. Ya sabemos, si La Nación te elige de blanco, debe ser que algo bueno estarás haciendo para el lado de la justicia social. Hoy, el Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, hace una advertencia parecida, futuras pandemias llegarán si no cambiamos nuestros comportamientos. No he visto aún La Nación...

En mi barrio, lo llamamos así: si no intervenimos fuertemente en la educación, el capitalismo en su fase caníbal nos va aniquilar del todo.

En esa línea, y con la media neurona quemada que me queda, hay varios problemas que me gustaría mencionar en este posteo borrador para seguir pensando cuando estemos en mejores condiciones. O al menos ustedes, yo no sé si tengo posibilidades de mejorar.


Uno. Jugar nuestro propio juego

Por un lado, el 2020 aceleró los procesos de colonización pedagógica de las grandes corporaciones que está modelando subjetividades, prácticas y relaciones político pedagógicas, formas de leer el mundo y, por ende, de intervenir o no sobre él para transformarlo. 

Miles de millones de niñxs y adultxs nos estamos educando en Facebook, en Google, en Amazon, en Netflix, nos educan en lo que Baricco llama The Game, y mientras jugamos el juego más hipnótico y seductor que se haya creado, que captura nuestro deseo y nos introduce en una mutación que si no genética, es quizá más inquietante que el COVID19 y sus parientes, vamos tejiendo redes allí para casi todas las actividades de socialización humanas, nos auto mercantilizados y todo, o casi todo, lo objetivamos allí.

Me vendo, te vendo, te compro, me compro. O quedo afuera…¿Afuera de qué exactamente?

El Estado de manera urgente debería recuperar soberanía digital, que es la riqueza de este siglo que arranca ahora, como dicen Boaventura de Sousa y tantxs más que vienen pensando en estos problemas hace décadas. Ni la Nación ni las provincias, a mi modesto juicio, deberían seguir usando esas herramientas y plataformas, y si no es posible reemplazarlas rápido, al menos ir gradualmente. Miles de docentes universitarios estamos en la Matrix de Google Académico, (“si no te quedás afuera”, ¿afuera de qué, otra vez?), y en la Provincia de Buenos Aires, el uso oficial del correo y otras herramientas de Google hace que el sistema público le entregue cada día valiosa información (¿acaso la información no es el petróleo, el carbón, el oro de este tiempo?) a las grandes corporaciones privadas, que son, por otro lado, las grandes ganadoras de la tragedia pandémica global.

La muerte del Diego nos conmovió profundamente, pero también nos dijo que los juegos y las artes populares (fútbol  deportes diversos; orquestas, danzas, literaturas, plásticas, artes digitales etc), y en equipo favorecen autoestimas más potentes. Y hermanan. Y quitan máscaras. Ya sé, para muchxs esto no es prioridad educativa. Sé que también el gobierno provincial la tiene muy complicada, pandemia macrista, vidalista y COVID mediantes…¿Pero se pusieron a mirar los balances de ganancias de esas empresas? ¿Y si algo de esa plata se re distribuyera, como con el impuesto a los Bigger Robber Barons?

¿Y si hubiera playa, mar, río y montaña para todxs lxs pibitxs?

Ph: Pablo Bruzzone,
serie "Ventanas de Chapa",
Jóvenes y Memoria, Chapadmalal, 2012.

Lo positivo, es que muchas trampas han quedado a la vista y mucha gente a la que era difícil quizá hacerle notar los profundos cambios de vida que educar así implican, ya lo sabe. Ese saber colectivo tiene que servirnos para preservar la escuela que, como dice Adriana Puiggrós, es la “plataforma de la Patria”. Sea en la modalidad que sea (mixta, bimodal, en diversas combinaciones) que podamos ir construyendo para el ciclo 2021 y los siguientes, la escuela sigue siendo, y más que nunca, es el territorio desde el cual
podemos construir y recuperar comunidad, lazo pedagógico humanizante, futuro, planeta, casa grande.


Dos.  CABA, go home. Cortenla, déjenos vivir en paz 

La agenda mediática está copada, como siempre, por lo que sucede en la ciudad puerto unitaria. (recomiendo ver en Fue la pluma https://fuelapluma.com/2020/10/19/vicios-del-debate-educativo-en-los-medios-de-comunicacion/), donde decíamos con Manuel Becerra hace un tiempo: “Los problemas, que se amplifican hacia todo el país son los municipales de una jurisdicción de 202 km2 (que, para variar, representa poco más del 6% de la matrícula educativa del país). La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el lastre de un país hipercefálico, no sólo es un problema histórico sino que además es la medida de todos los medios. La municipalización porteña de la agenda mediática supera ampliamente el tema educativo: los canales de noticias emiten 24/7, para todo el país, noticias sobre el transporte, el clima, en fin, las problemáticas urbanas de una sola ciudad. Más aún: las ficciones costumbristas, formato prolífico de la TV argentina del siglo XXI, parecen transcurrir no sólo en Buenos Aires, sino en un radio de tres o cuatro km2 de los barrios de Palermo y Colegiales (o, en todo caso, algún barrio de la zona norte del Gran Buenos Aires)”.

Lo que está haciendo Larreta con la educación es de una extrema gravedad, y el poder judicial adicto, convalidando, es escandaloso. Pero nada de eso puede sorprendernos de la derecha. No hay derecha buena o mala. La derecha buenos modales sigue los mismos intereses que la malo modales y hace tanto daño a lxs pibxs como el gatillo fácil de cualquier matón bullrrichizado y barra brava. Ahora bien, ¿es eso lo central que está ocurriendo en la educación argentina, en las 24 provincias, en las universidades, en los espacios de las organizaciones sociales, comunitarias, sindicales, en la formación docente?

Tres.  Maestrxs latinomericanxs e imperios digitales

Los problemas de la educación federal son múltiples, diversos y de una complejidad enorme. La formación docente permanente, sabemos, es una de las estrategias que no puede esperar, digamos que tiene casi tanta urgencia como vacunar, porque puede ser el antídoto contra la acelerada mercantilización de la educación y de la vida. Y es necesario retomar y potenciar las líneas de una perspectiva emancipadora latinoamericana que descipayise, si se me permite el neologismo, desde la formación de grado y luego en la formación permanente. Continuar y ampliar desde el Estado esas propuestas, de manera articulada con la Ctera y sus espacios de formación, en los institutos y universidades nacionales es imprescindible, entre otras múltiples formas. Incorporar la perspectiva de Comunicación/Educación  es estrategia de disputa en el reino digital dominado por las formas neo imperiales de los dueños de la pelota de la información y la comunicación. 


Cuatro.

Ángeles azules, vacunas, FinEs y experiencias para los pueblos

En este triste fin de año que deja pocos resquicios para la esperanza, en Nochebuena, o TardeBuena, recibo mensajes de amigxs vinculados a un hogar convivencial de pibxs (Hogar El Ángel Azul) “organizado a fin de dar respuesta a las demandas  sociales y del Estado que reconocen la situación de riesgo y  vulneración en la que se encuentran  niños y niñas cuyas familias no han podido hacer frente a las exigencias de cuidado, vivienda, educación, salud. Forma parte del Sistema de Promoción y Protección de  Derechos  y en ese marco responde  a las estrategias de restitución de derechos de niños, niñas y adolescentes  que se encuentran transitoriamente  alejados de sus familias”.  (Ver en https://www.facebook.com/Hogar.Angel.Azul/)


Pibxs que esperan que pasan la cuarentena en una pequeña localidad rural de Punta Indio, provincia de Buenos Aires, donde se desarrolla un proyecto político pedagógico y se construye, a su vez, una épica del cuidado y de lo comunitario que seguramente genere algunos anticuerpos contra los virus de las nuevas pandemias, y prepare para entender que solo una ética del cuidado comunitario, con lxs otrxs, nos salvará, a nosotrxs y a nuestro planeta. 

Es una pequeñísima experiencia, mucho más pequeña quizá que la de Warisata, en la Bolivia de 1930; o la del Padre Cajade en La Plata, provincia de Buenos Aires, Experiencias como la inmensa y potente, y por eso destruida por el odio, de Milagro y la Tupac en Jujuy.

Como estas  sucede en CABA (porque hasta las experiencias villeras y populares en CABA tienen espacio en los medios ocasionalmente). Pero yo creo modestamente que hay que planificar las grandes políticas públicas para salir de este laberinto marechalianamente, observando también qué nos enseñan algunas de estos dispositivos, de estas prácticas, no para reproducirlas (ya sabemos que son experiencias situadas, etcétera) pero sí para ver que están ocurriendo cosas en la educación, fuera y dentro de las escuelas, pero siempre articuladas en su centro a la escuela pública, a la comunidad, a la Patria/Matria. Que Larreta profundice desigualdades es lo que esperamos de quienes creen en sociedades con jerarquías clasistas y meritocráticas, pero nosotrxs tenemos la responsabilidad política de inventar otras posibilidades y postergar un poco las miserias personales que muchas veces embarran las canchas del juego político, si es que queremos sobrevivir.

Ph: Pablo Bruzzone, 
serie "Ventanas de Chapa", 
Jóvenes y Memoria, Chapadmalal, 2012.

Comentario aparte: ni hablar de la gran experiencia del FinEs, que hizo patria en casi todos los territorios y autoestimas de la Argentina, y que siempre me recuerda al ímpetu de la gran compañera Mary Sánchez, que en palabras de otra querida compañera, Delia Méndez (ver en el libro de reciente aparición de Delia Méndez, prologado por Alberto Sileoni,
Juntos por los mismos FinEs para la inclusión, que estoy empezando a leer), fueron articulando “luego de largas conversaciones, discusiones y arrebatos temperamentales, de ambos lados, llegamos a acordar cómo podríamos implementar el Plan FinEs con los cooperativistas del Plan que estaban diseñando la propuesta de Ingreso Social con Trabajo que mary describe como “del extraordinario proceso que unifica voluntad del pueblo y políticas populares con compromiso docente para el desarrollo del Argentina Trabaja Enseña y Aprende en Pcia De Bs AS”.


Inconclusión. Espejito, espejito

Obvio que creo que está muy bien la denuncia y la lucha, sobre todo de lxs compañerxs de CABA (que tengo muchxs entre mis afectos, y son maravillosxs), pero no puede ser el tema de todxs, menos aún de quienes debemos educar cada día en aulas como, en mi caso, de la provincia donde tenemos al 40 % de la matrícula del país, o en universidades conurbaneras, por caso. Tampoco es posible pensar un país federal ni una Nación latinoamericana con perspectiva porteña hegemónica. En nuestros universos vocabulares y léxicos culturales, en el establishment intelectual, del pensamiento, del arte, de la política aparecen todo el tiempo las marcas de esta dominación, de esta trampa de perspectiva corta que tantas tragedias ha causado en la Argentina del siglo XIX, del XX y esperemos que no del XXI. Yo todavía sueño con escuelas habitadas por más poetas y detectivxs salvajes latinoemricanxs, y menos buenos modales de clase media urbana del puerto vampiro.

Somos nosotrxs los que debemos también vacunarnos contra nuestras prácticas neoliberales enquistadas en nuestra subjetividad (¿nos bancamos ese espejo?), nuestras instituciones públicas, sindicatos, espacios políticos, dirigencia. Puede que tengamos algunos anticuerpos, pero la lucha es cada día porque como señala Diego Sztulwark: "El neoliberalismo es un gran aparato que opera sobre el deseo y las maneras de vivir" (https://www.pagina12.com.ar/248046-diego-sztulwark-el-neoliberalismo-es-un-gran-aparato-que-ope)

Estar alertas es pensar que quizá no es tanto ellxs y nosotrxs, sino como en
Alien,  los ellos en nosotrxs.

La visita del Presidente Alberto Fernández al Hogar El Ángel Azul en Las Tahonas es seguramente un hecho político y comunicacional, de esos típicos de las buenas y queridas agendas peronistas de Navidad, que remiten al significante sidra y pan dulce, aguinaldo y vacaciones, únicxs privilegidxs, mar y Chapadmalal para lxs pibxs. Ver esas fotos trae un poco de alivio al alma. (¡Gracias Bruno!).

La imagen que publica la diputada Claudia Bernazza, de lxs pibxs rodeando el helicóptero que aterriza en un campo de Molina Campos, contrasta visiblemente con la  del significante helicóptero que acá cerró las escenas de asesinatos en esa plaza donde cada tanto la derecha nos mata solo por existir y resistir. (Ver en https://www.facebook.com/cbernazza)

Más allá de los diversos usos políticos que puedan hacerse de esta clase de eventos, lo que me parece es que hay allí otra forma de jugar el juego que no es el de la hegemonía de The Game, de los amos de Sillicon Valley, un juego de picadito, de igual a igual, de jugar con otrxs, que es enseñante y es divertido, y hace que la infancia más lastimada se ocupe de lo que debería ocuparse, de jugar, de reírse, de esa extraordinaria combinación de libertad, creatividad e inteligencia en la que se amasa la autonomía para crecer con proyectos más emancipadores y solidarios.

Es como si en esas sonrisas pudiera ilustrarse el “inédito viable” de Freire, que como señala Adriana en La escuela, plataforma de la Patria,  «Empero, no está en la naturaleza de la política avanzar por caminos seguros, sino más bien elegir los viables y correr riesgos. Coincidentemente, es tarea del educador trabajar sobre el “inédito viable”, esa rica categoría elaborada por Paulo Freire. Combina la imaginación y la creación con la factibilidad. Es el momento de la leve crispación frente a la imposibilidad, el momento de decidir si se corre el riesgo, de suponer la posible aceptación por parte de otros sujetos. Es un instante para la imaginación, o sea un momento negativo para la pedagogía neoliberal. Esta supone el fin de la imaginación».

¡Con ternura venceremos!



miércoles, 25 de noviembre de 2020

Esa tarde van a hacerme un aborto

Esa tarde van a hacerme un aborto. Tengo 18 años recién cumplidos y no demasiada experiencia con lo clandestino, con el sexo y con la muerte. 
No se pronuncia la palabra. No se explica en qué consiste bien el procedimiento. No hay pastillas ni inductores involucrados, se dice "intervención", "raspado", "legrado". Nunca estuve en un quirófano, nunca me dieron anestesia total, nunca imaginé que me pasaría eso con un DIU. 
Y de pronto, en un consultorio clandestino, dejo atrás la adolescencia con un par de bisturíes y un sueño que me lleva a una adultez impuesta para la que no estoy preparada pero acepto. 
No puedo hablarlo con nadie, casi nadie. Por suerte, mi madre. Por suerte, mi médica que me deriva a un antro no tan antro, a ver a una abortera a la que ya apalabró. Mi madre junta la plata, pide prestado a una amiga, a un par de amigas, eso lo sabré muchos pero muchos años después, y a medias. Mi amiga, mi novio, y ya. En la camilla estoy sola frente a una extraña con mi miedo, con la culpa, con una angustia a la que tardaré años en poder nombrar. Llevo un tiempo militando el tema, como se lo milita en esa época: entre murmullos, como se habla de sexo, entre susurros, para evitar que te cataloguen de puta o te acusen de que te lo merecés o que te digan que si te gustó cuando abriste las piernas te la banques ahora. 
Soy flaquita y débil como una varilla de río, pero voy a la facultad pensando que todos me miran y se dan cuenta que estoy embarazada y que no voy a tenerlo. 
Me hago preguntas, muchas preguntas, sobre el futuro, preguntas éticas, preguntas políticas, preguntas religiosas, preguntas sobre la maternidad, sobre el amor, preguntas desesperadas que no expreso en voz alta. Todas esas preguntas van a quedar guardadas, van a formar parte de mi torrente sanguíneo, de algún que otro trastorno alimentario y de los ovarios, de las dificultades posteriores en el vínculo con mi madre, con mis hermanxs, con mi padre que no sabe pero un día, años después, prácticamente me hace confesar y llora, y al poco tiempo muere sin que hayamos podido hablar del asunto. Siento que no me castiga, si no que lamenta no haberme podido cuidar, pero también puede ser que me reproche con esos ojos de desesperanza con los que me mira cuando, aun sin decirlo, se lo digo. 

El procedimiento es invasivo y el pos operatorio es algo doloroso. Contracciones, espasmos, sangrados de varios días. No me quejo, la culpa no me deja. Me quedo un día en cama, en la casa está solo mi madre, me acuesto con una bolsa de hielo sobre el vientre, lloro y lloro sin que nadie lo note. En mi familia el protagonismo no me está reservado, y menos si es por algo así, así que a callar y a seguir. 
Mi novio es apenas mayor que yo y no sabe muy bien cómo ayudarme. Al poco tiempo rompemos. Muchas cosas se van a ir rompiendo después. 
Mi amiga me acompaña y me contiene. Será el comienzo de una serie de acompañamientos parecidos, que irán rotando. En el peor momento aparece un amigo con mirada acusatoria, sospecha, ¿sabe? Además de puta soy asesina. Puta y asesina. Escucho a amigas, a hermana, condenar enérgicamente el aborto, escucho calificar a las mujeres que abortan: ignorantes, irresponsables, putas, asesinas. La gama de calificativos varía, pero en general, casi siempre incluye puta y asesina. De los padres no se habla.
Los padres son hombres, están a salvo, a resguardo, no abren las piernas ni se embarazan. 

Mi silencio me protege de la condena, pero también me daña, me encarcela. Madre me acompañó y ayudó, pero sabe mal de palabras de consuelo. Ya está, ahora, parece decir, estás por la tuya, ya sos grande. Casi una madre, una madre que eligió no serlo. ya no sos hija. 
Nadie me preguntó si lo deseaba. 

El fantasma me acompaña y me persigue, hago cuentas: calculo la edad que tendría ese hijo o hija, aunque digo que es tema superado, pero cada vez que le pasa a otra, trato de estar, de acompañar, de poner el cuerpo porque aunque todas lo vivamos distinto a todas nos marca. O a casi todas. Solas y en silencio, es todo peor. Y no somos pobres, si encima fuéramos pobres, qué desierto, qué desolación. 

Muertes, muchas muertes. Pibas y no tan pibas, madres que mueren dejando a sus hijos, solas  en la clandestinidad.

En la facultad, en el trabajo, escucho muchas estupideces. Defiendo la causa pero no hablo de mí. Milito, pero no cuento. La culpa teje una mantilla que me persigue en mi embarazo siguiente, años después, deseado y lleno de expectativas....Y miedos. Como si el destino me la fuera a cobrar. 
Milito a veces cuerpo a cuerpo. Escucho cosas horrendas de personas que quiero y me rodean, duelen, y si alguna vez hablo de mí, todo empeora. Pero de a poco, voy encontrado los "yo también", "yo de este modo", "yo me hice dos"...Y así. Pasan los años. Algunos dedos acusadores mutan en abrazos, o al menos, bajan del pedestal. Algunos dedos que jugaban a profundizar llagas se embanderan de verde y aunque no dicen, ni reconocen, ni se disculpan, ya no lastiman. Se empieza a hacer más y más visible. Nos vamos sumando, nos vamos poniendo verdes, nos vamos dando cuenta de que somos muchas, que no estamos solas, que desde los tiempos inmemoriales, que no es justo, que no queremos que otras pasen por lo que pasamos, ni por cosas mucho peores. 

En 2011 escucho por primera vez a una diputada de la Nación decir en un acto en la Plaza de los Dos Congresos: "Yo me hice un aborto", en primera persona. Ese día, empecé a ser más libre. Ese día empezamos a serlo todas. 
#QueSeaLey


viernes, 11 de septiembre de 2020

corazones rotos

Cuando a las personas les rompen el corazón por primera vez , la herida deja esa clase de cicatrices , de heridas, que se activan los días de humedad.  
La muñeca quebrada, el esguince, que retornan como puntada para recordarnos que alguna vez hubo allí dolor y rotura y antes, alguna vez, juventud y salud plena.
Cuando alguien nos dice por primera vez, frente al descubrimiento de una infidelidad, que «eso no significó nada » nos tiran sal a la herida. 
Eso tiene cara, nombre, cuerpo . Su imagen fantasmática nos acecha de día y de noche, incluso, cuando vemos a quien acaba de causarnos esta herida, su imagen está invadida por la presencia de Eso que para nosotros empieza a significar algo, mucho más que algo pero que aún no sabemos si será una luz roja parpadeante, una advertencia para el futuro , o si será una una cruz que arrastraremos diseñando cual trampa nuestro propio Vía Crucis, o si, efectivamente, será algo insignificante.
Las probabilidades favorecen la tres. 
Afortunadamente el odio no sobrevive mucho al amor la mayoría de las veces .
Algunas personas se refugian en el rencor, como un modo de no perder del todo el amor/odio que alguna vez se tuvo con alguien, pero la mayoría afortunadamente sigue adelante.
La primera vez, sin embargo, que nosotras decimos eso al confesar nuestra propia infidelidad, entendemos que es así de verdad .
Tal vez nos significa nada.
Menos que Eso. Eso puede ser la excusa para salir de un lugar donde ya no queda nada que.valga la pena, pero queda la pena.
A veces no es una persona la que nos rompe el corazón.
A veces es solo la vida, con su infinita dosis de injusticia humana diaria. 
Con la opacidad que oscurece incluso los días de sol.
Con la violencia que se apodera de nosotras en algunas primaveras.
Y matan Presidentes y sueños en Palacios de la Moneda, o los encierran en sus Olivares, y les pegan a los pibes y los desaparecen, y se llevan a las pibas y no vuelven y meten bala y campo de concentración y golpean indios y violan a Marías Soledades, o se mudan al lado de tu casa y hacen infierno alrededor de tu familia  y salen impunes, como  unas gorras macho prepotentes que se paran sobre los hombros y el dolor legítimo de las y los que trabajan hasta que se les rompe el corazón.   
Y a mi también se me rompe el rompe el corazón porque aunque me gustaría tener la mitad, qué digo la mitad, la décima parte de la fuerza de Sarah Connor  o del coraje de Evita, o la pasión de Sabina Spilrein o de Camila Claudel o de Juana Manso, o de la belleza digna, noble  y valiente de Andrómaca, soy apenas una alma rusa rebotando contra el ring en Argentina, siglo XXI, al mes ochocientos mil de la pandemia, después de cuatro años de vampiros off shore y ahí, en la burbuja de plástico, rodeada de mortajas y respiradores, la estampita de Jesús que me recuerda que el pueblo resiste y es sabio en sus creencias ancestrales, aunque las élites las desprecien y aunque te toque ser a vos la que no significa nada.
Yo también rezo por vos, por ellos, por ellas, por nosotros.
Y todavía no curé mis heridas... 
 

lunes, 24 de agosto de 2020

Sobre la rama del ciruelo, como un colibrí

 Escribí un cuento que hablaba de vos. Se situaba en una época en la que ni vos ni yo existíamos, en una casa en la que jamás nos hubiéramos encontrado, en unos diálogos que no tuvimos, en unos abrazos que ni tus fobias ni mi gusto por la fuga hubieran consentido.

Escribí un cuento que hablaba de vos porque hablaba de pájaros y de música barroca, ponele. Una ópera en una ciudad italiana o una fiesta de carnaval veneciana , un juego erótico de esconderse y perseguirse.
Vos, claro está , no lo leíste ni lo leerás . Lo tuyo nunca fue la lectura.
Subido a tu tabla, surfeando las olas, hundido en tu ego, veo tu silueta recortarse sobre el horizonte de un mar que me hace más falta que los respiradores a algunos enfermos.
En ninguna de las pistas te encontraste.
Leí un texto de LL que me hizo entender que ningún esfuerzo por llamar tu atención mediante los celos sería provechoso.
Deberías para eso dejar de ser el niño que juega a la seducción, deberías dejar de mirarte en mis ojos, deberías animarte a desearme.
Hundirte en la ola.
Dejarte llevar.
Bucear en las profundidades.
Deberías ser otro.
Depués escribí un posteo en este, mi blog, que hablaba de sexo y algunos detalles de paisajes y creíste encontrarte , donde no estabas ni nunca estuviste.
Yo escucho Babasónicos y me enamoro de D'Árgelos desde hace más de veinte años. Escribo lo que puedo y olvido los desaires porque a esta altura soy más como la ola que como la tabla.
Parado sobre mí, ya no.
Con antifaz carnavalesco como en una escena de Henry James, quizás.
Sobre la rama del ciruelo, como un colibrí, aguardo la palabra que te despierte.
Sin apuro.
Sin miedo.
Sin memoria.
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lunes, 17 de agosto de 2020

No dar más

 No dar más

Es eso, no dar más
Porque ya se dio mucho
Cedió mucho
Porque no queda más para dar
Porque a veces pensamos que daba para más
Pero sino se da más
No da.
No dar más
Porque hay que guardarse algo
Para respirar
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