lunes, 24 de mayo de 2010

Tú llevas mi nombre, los hijos de los nazis y otros yuyos

No se trata de ninguna obra maestra pero sin embargo, este pequeño ensayo del periodista alemán Stephan Lebert (Planeta, 2005) acerca del legado que han soportado los hijos de los jerarcas y criminales nazis por el solo hecho de portar sus apellidos, reviste mucho interés en el contexto de las actuales discusiones políticas en la sociedad argentina que quizá, por primera vez, se atreve a hacer frente a las responsabilidades y complicidades civiles durante el terrorismo de Estado del 76 al 83 y algunas de las consecuencias que llegan hasta nuestro días. 
Lebert retoma, cuarenta años después, una serie de reportajes que había realizado su propio padre (quien había sido parte de las juventudes hitlerianas en los años 40, con sus jóvenes 15 años) al finalizar la guerra a los hijos de algunos de los prinicpales jerarcas nazis juzgados en Nüremberg (Ema Göering,  Karl Otto Saur, Martin Bormann hijo, Gudrun Himmler, Wolf-Rudiger Hess, entre otros). Pese a las diferentes posturas de estos hijos (están los que se oponen a hablar, los que participan de movimientos neo nazis y reivindican a sus padres, los que reniegan de estos y han dedicado su vida a militar contra el renacer de cualquier nazismo)  lo que constituye el mayor interés en este trabajo es la reflexión acerca de la responsabilidad colectiva de la sociedad alemana, por acción u omisión, en los 12 años de plenitud del Tercer Reich; su rechazo a examinar el pasado y la compleja trama de responsabilidades más allá de los jerarcas, la casi total ausencia de autocrítica y reflexión, más allá de algunos movimientos estudiantiles o iniciativas minoritarias, así como la protección y reincorporación a la vida civil y empresaria de muchos de los funcionarios nazis.
Lebert recurre, además de los reportajes y un auto-examen tratando de ponerse en lugar de su padre y de los de su generación, a diversos estudios psicológicos efectuados por descendientes de sobrevivientes de los campos de concentración y de nazis. Por medio de ellos, aborda la idea de una cierta e implícita conspiración por el silencio, por negarse a hablar del pasado, un principio colectivo de disimulo fundado en el pretexto de seguir adelante sin mirar atrás, luego de los primeros años al finalizar la guerra, en los que muchos alemanes fueron perseguidos e incriminados por su colaboración con el régimen nazi y se dieron los procesos de desnazificación.
En la Argentina de hoy todavía escuchamos a muchos sectores y personas que con "buenas intenciones" se resisten a juzgar el pasado en nombre de "mirar para adelante", como si los militares argentinos responsables del golpe o los jerarcas nazis fueran monstruos surgidos de algún otro planeta y no emergentes de una sociedad que los hizo posibles, de un proyecto político-económico  que los necesitó en su momento y que aún hoy está vigente (y reacciona con brutalidad toda vez que un gobierno ataca sus intereses) aunque ya no necesite de recurrir a estos. Una sociedad que necesita reflexionar colectivamente, juzgar mediante instituciones legítimas a todos los responsables de esos crímenes, ya sean civiles o militares, y terminar con los privilegios y legados de ese régimen, único modo de prevenir futuros tan sangrientos como los que hemos atravesado y de reparar a las víctimas.


Stephan Lebert estudió periodismo y más tarde pasó a director editorial de Tages-Spiegel. Ha sido galardonado con el Egon Erwin Kich Prize.

Todo fluye, de Vasili Grossman

"...no ha visto con claridad nuestro pájaro-troika. La historia de los hombres no está en la carrera de la troika sino en el caos, en el eterno paso de una forma de violencia a otra" le dice a Iván Grigórievich, protagonista de esta novela, su compañero en el campo de trabajo, en el barracón del Gulag. El más bien piensa, aún con cierta dosis de esperanza al observar lo dura que ha sido su vida después de 30 años de reclusión y trabajos forzados, que "todo lo que es inhumano es absurdo e inútil".
La novela Todo fluye, de Vasili Grossman (1905-1964) quizá no pueda ser comprendida en su totalidad sin haber leído antes Vida y destino. Toda la inmensa tragedia que representó para la humanidad el totalitarismo, el nazi y el soviético, que terminó devorando no sólo a sus propios hijos sino también a sus propios padres, es presentada aquí en la intimidad y el pensamiento de este hombre que ha perdido su vida y su mundo en los confines de Siberia.
La novela comienza en los años 50 después de la muerte de Stalin cuando, tras esos 30 años de prisión, el protagonista regresa a las ciudades en las que vivió en su juventud, como enamorado y estudiante, (Moscú y Leningrado) que parecen iguales y a la vez, tan ajenas a sus recuerdos. En esas calles, como si vieran a un fantasma que ha vuelto a la vida, cada persona de su pasado con la que se topa volverá a rechazarlo. En él ven, como un reproche andante que sin embargo él jamás formula, el precio que han pagado por su confort y su comodidad actual. Es como un testigo vivo y molesto de la sangre derramada en cada purga, las delaciones absurdas e infundadas, traiciones, indiferencia y cobardía sobre la que han fundado su vida, su paz y su tranquilidad. Tratarán de sacárselo de encima para no enfrentar a sus propias conciencias que les reclaman sus acciones del pasado (los cadáveres de los niños campesino muertos de hambre en los kulak, en los trenes de deportados, en las calles de las ciudades), los amigos y parientes a los que dieron vuelta la cara (científicos, obreros, estudiantes, héroes rojos de la guerra civil y de la guerra contra los nazis), las solicitadas que firmaron sin convicción, la ceguera con la que se convirtieron en cómplices de tanto dolor.
La presencia de Iván los llevará a redoblar su propia tragedia, mantener la negación y el silencio, esquivar la verdad y la justicia para no perder una paz que descansa en cementerios repletos de NN condenados una vez más por el silencio.
La lectura de esta novela deja sin duda un sabor muy amargo y una visión desesperanzada acerca de lo que hay de humano e inhumano en las sociedades contemporáneas, pero aún así rescata la fortaleza de lo que él llama el "alma humana" en medio de los sistemas dominados por el terrorismo de Estado. Como periodista que ha sido, Grossman la aborda mediante un análisis crudo y no apto para fanáticos acerca de cómo se aprovechó el estado creado por Lenin y Stalin de la milenaria tradición rusa encarnada por los zares, de esclavizar a la gran masa campesina y someter a las otras naciones (ucranianos, chechenos, lituanos, polacos, judíos, tártaros), la máquina policial y burocrática que sobre la base de los ideales revolucionarios construyeron para oprimir cualquier intento de libertad (una libertad que no remite a las definiciones del liberalismo occidental y que hay que comprender en la tradición de los escritores y profetas rusos del siglo XVIII y XIX). La libertad no es en términos de libre comercio ni de capital, sino una pasión humana primordial como el amor. "A Iván Grigórievich no le sorprendía que la palabra 'libertad' estuviese en sus labios cuando, de estudiante, fue a parar a Siberia, que la palabra viviese en él y que ahora tampoco hubiese desaparecido de su cabeza".
Como varias de sus novelas y ensayos, su publicación fue prohibida por el régimen soviético de Jrushov y le costó, como al personaje, la condena al ostracismo. 




miércoles, 12 de mayo de 2010

Un poco de oxígeno para el Sur


Curioso. Hoy mientras presenciaba una sesión en la Cámara de Diputados que no recibió prácticamente cobertura mediática (quizá porque los proyectos que se trataron del diputado Recalde del FPV fueron aprobados casi por unanimidad, con la excepción de legisladores liberales del PRO y quizá algún otro) recibía correos de A., desde Barcelona, en los que me contaba de la angustia de los españoles ante las medidas de ajuste del Gobierno, baja de salarios y jubilaciones (las crisis de la fiesta financiera siempre la pagan los trabajadores). Ayer P. me llamó desde Francia y me contaba cómo había que ocultar, cuando uno gestiona allá un crédito para una vivienda, que tiene alguna enfermedad porque de saberlo los bancos no te lo dan.
Hace apenas unos años, cuando hablaba con P. a Francia le decía: no podés imaginarte lo que está pasando acá. Ajuste, despidos, bajan los sueldos, recortan las jubilaciones, reprimen y matan a los que reclaman. Más de la mitad de los argentinos somos pobres.
En el recinto la mayoría de los diputados de todos los bloques aprobaba dos modificaciones en los regímenes laborales revirtiendo algunas de las cláusulas más leoninas que se incorporaron durante los 90. Y pensé que aunque no nos queramos dar cuenta, nos guste mucho quejarnos y ver siempre el lado oscuro, la mayoría de los medios tiren toneladas de mierda sobre cualquier expectativa auspiciosa para nuestro futuro como Nación, es realmente una gran oportunidad poder vivir una época en la que se invierten en este bendito país algunas de las más generalizadas y crueles injusticias que el capital ha impuesto.
Mientras Europa una vez más es recorrida por el fantasma del capitalismo salvaje, nosotros intentamos revertir algunas de sus consecuencias. Un poco de oxígeno para el Sur.

martes, 11 de mayo de 2010

DE DICTADURAS Y “DICTADURAS” (PEQUEÑO AYUDA MEMORIA)

Que se mencione tan a la ligera en un país como el nuestro, por parte de sectores a los que no les gusta este Gobierno, que se trata de una dictadura no sólo es falso e irresponsable, es una falta de respeto a la dignidad del pueblo argentino, y en particular, a la memoria de tod@s las víctimas de las dictaduras y a sus familias. El solo hecho de que puedan expresarlo en medios de comunicación masivos demuestra que felizmente vivimos en un país con estado de derecho, sin censura y con un gobierno que respeta como ninguno lo ha hecho la libertad de expresión. Aunque parezca una obviedad tener que recordar esto, valga esta pequeña ayuda memoria que quizá permita, como dijo días pasados Eduardo Aliverti, ser más respetuosos con las palabras.

«...la persona que me interrogaba perdió la paciencia, se enojó diciéndome: «Vos no sos un guerrillero, no estás en la violencia, pero vos no te diste cuenta que al irte a vivir allí (en la villa) con tu cultura, unís a la gente, unís a los pobres y unir a los pobres es subversión. Alrededor de los días 17 ó 18 volvió el otro hombre que me había tratado respetuosamente en el interrogatorio y me dijo: «...usted es un cura idealista, un místico, diría yo, un cura piola, solamente tiene un error que es haber interpretado demasiado materialmente la doctrina de Cristo. Cristo habla de los pobres, pero cuando habla de los pobres habla de los pobres de espíritu y usted hizo una interpretación materialista de eso , y se ha ido a vivir con los pobres materialmente .En la Argentina, los pobres de espíritu son los ricos y usted, en adelante, deberá dedicarse a ayudar más a los ricos que son los que realmente están necesitados espiritualmente». (Testimonio del sacerdote Orlando Virgilio Yorio, Legajo N° 6328, Nunca más).

A lo largo de todo el siglo XX hubo dictaduras en América Latina (ejecutadas por las Fuerzas Armadas con el apoyo e impulso de los sectores civiles dominantes) que básicamente compartieron el objetivo de conservar los aspectos centrales de un orden social que garantizaba, para los sectores poderosos, sus beneficios económicos. Con las conocidas consecuencias: pobreza, desempleo, analfabetismo, desnutrición, bajos niveles de salud, mortalidadinfantil y hambre. Todo ello sin que ninguna de las institucciones de la democracia pudiera ejercer control, ni el Legislativo ni el Judicial (este último con algunas honrosas excepciones).
Todas tuvieron en común, además, la censura, la represión y la violación de los derechos humanos. Estos grupos económicos y sus cómplices militares impulsaron no sólo la transformación económica mencionada, sino que lo hicieron ejerciendo la violencia armada sobre toda la población. Un ejemplo de los más dramáticos de esta complicidad, que permitió el control de los medios de comunicación más grandes y por lo tanto, de la información, fue la compra en nuestro país, por parte de Clarín, la Razón y La Nación, de Papel Prensa mientras estaban secuestrados sus legítimos dueños, la familia Graivier. De eso modo se consolidó un gran negocio que continua hasta la actualidad y que anuló el derecho a la libertad de expresión y de información a tod@s los ciudadanos.1
En la Argentina, además, implicó, como consecuencia del terrorismo de Estado de la última dictadura, la detención y desaparición de 30.000 ciudadanos y el robo de sus hijos, entregados a los apropiadores. De ellos, más de 400, sólo se han recuperado 101. Cientos de ellos eran escritores y periodistas que pagaron con su vida la defensa de la libertad de expresión.
Estas acciones de represión sobre civiles ya habían tenido diversos antecedentes en dictaduras anteriores (e incluso, en gobiernos supuestamente democráticos), recordemos algunas, como la política de “pacificación del país” de Mitre y sus coroneles, que dejó como saldo además del exterminio del pueblo paraguayo, unos 4.728 muertos en las montoneras (el país tenía entonces menos de dos millones de habitantes)2; las represiones a los obreros en la Patagonia y durante la Década Infame; los bombardeos del 55 sobre Plaza de Mayo o los asesinatos de José León Suárez denunciados por el periodista Rodolfo Walsh en Operación Masacre; la Triple A.
Eso, por no mencionar los cerca de 650 combatientes muertos en Malvinas en el 82. Una guerra que un gobierno democrático probablemente jamás hubiera impulsado y, que en caso de querer declarar la guerra, debe, de acuerdo a la Constitución Nacional, ser autorizado por el Congreso (Art. 75, Inc. 26), es decir, por los representantes del pueblo.

COMUNICADO Nº 19, 24 de marzo de 1976

Respecto a los medios, el mismo día 24 de marzo de 1976 la Junta de Comandantes en Jefe en su comunicado N° 19 hizo saber que sería «reprimido con reclusión de hasta 10 años el que por cualquier medio difundiere, divulgara o propagara noticias, comunicados o imágenes con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad de las fuerzas armadas, de seguridad o policiales».
Como consecuencia se intervino militarmente a la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa; se expulsó a corresponsales de agencias extranjeras y se requisó haciendo incinerar numerosos libros de bibliotecas privadas y públicas, además de la ocnfección de listas negras de libros, autores y textos escolares.Como hemos dicho, un gran número de periodistas sufrió la prisión, la desaparición o la muerte.

Calumnias e injurias

Además de la sanción en 2009 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, frenada en este momento por unos jueces cuya legitimidad y ecuanimidad está siendo seriamente cuestionada, en noviembre del años pasado el Gobierno acusado de autoritario promovió el proyecto (finalmente aprobado por el Congreso) para despenalizar las calumnias e injurias, con lo que satisfizo un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) contra el Estado argentino. La Corte falló respecto del caso del periodista Eduardo Kimel, condenado en 1991 (gobierno de Carlos Menem) a un año de prisión y a pagar una indemnización por criticar la actuación de un juez en un libro sobre la llamada Masacre de San Patricio, una investigación del asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas palotinos, ocurrido en julio de 1976 en una iglesia del barrio porteño de Belgrano. Esta inciativa, largamente reclamada por quienes defienden la libertad de expresión y los trabajadores de prensa fue destacada por el Comité para la Protección de los Periodistas, entidad internacional con sede en Nueva York.

Cintia Rogovsky, 4 de mayo del 2010.

ALGUNOS DE LOS PERIODISTAS SECUESTRADOS Y DESPARECIDOS POR EL TERRORISMO DE ESTADO, VER EN DISTINTAS FUENTES:
http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/escri.html ; http://www.auno.org.ar/leer.php/343;http://www.nodo50.org/exilioargentino/1999_2002/hasta_diciembre2001/nuncamas/372.html

1. Ver más: http://www.elargentino.com/nota-59632-Clarin-compro-Papel-Prensa-con-la-familia-Graiver
2. Cfr. Duhalde, Eduardo Luis, Contra Mitre. Los intelectuales y el poder: de Caseros al 80, Punto Crítico, Buenos Aires, 2005.

viernes, 23 de abril de 2010

Ella le rompió el corazón


La verdad es que me cohíbe un poco cuando me dice que de tanto en tanto se pega una vuelta por mi blog.
Es cierto, no nos vemos casi nunca y nos encontramos, como él dice, en algunos ámbitos donde es probable que a los dos nos pase algo parecido. Hay algo, como un sentido del deber o cierta pasión política que lleva nuestros pasos a desembocar allí para luego, al cruzarnos con personajes del poder, gente con la que quizá en la puta vida nos tomaríamos un café de no ser estrictamente necesario (y otra con la que sí lo haríamos con todo gusto, probablemente), algo desde adentro se subleve, nos agarre un poquito de taquicardia, nos pongamos a transpirar, forcemos a nuestros rostros (o "caras", corregiría Bioy) la mejor "máscara japonesa" que propone Mishima en sus Confesiones de una máscara. Estrategias humanas para sobrevivir en junglas bastante inhumanas, carnaval veneciano aunque sin tradición ni glamour .
Y entonces, en esas circunstancias en las que la hipocresía ayuda y mucho, en la que todos, detrás de nuestros pequeños antifaces nos relojeamos y la especulación puede estar a la orden del día, (quien vino para hacerse ver o para ser visto, ver qué o a quién, quien te saluda o te corta el rostro, lo que se dice y lo que se calla), es un respiro que alguien te confiese la tristeza de un amor que ya no es. Frente a ese tipo de confesiones sólo es posible tomar esas palabras, guardarlas en la palma de la mano como cuando se encuentra un gorrión lastimado en la vereda (aun cuando no nos gusten los gorriones), esconderlas bajo la forma protectora del secreto o del olvido porque ya no importan entonces los nombres ni los protagonistas de la historia, ni siquiera las consecuencias que en nuestra ética pudieran tener no respetar ese silencio sino el aprecio ante el gesto de valentía que implica decir algo como: "ella me rompió el corazón", en esta época, en ese lugar.

viernes, 16 de abril de 2010

La Pista de Hielo, Roberto Bolaño

"Lo vi por primera vez en la calle Bucarelli, en México, es decir en la adolescencia, en la zona borrosa y vacilante que pertenecía a los poetas de hierro, una noche cargada de niebla que obligaba a los coches a circular con lentitud....", así comienza,por boca de uno de los narradores, Remo Morán, La pista de Hielo, de Roberto Bolaño.
Esta, la primera, es una de las varias versiones del crimen que ha ocurrido en el Palacio Benvingut (nombre catalán que significa Bienvenidos), en la ciudad costera de Z, España. Así, sin casi darnos cuenta, ya estamos completamente inmersos en la trama que construye Bolaño, con su maestría y gran sentido del humor (a veces feroz), en esta novela negra y polifónica. Desde el principio necesitamos seguir leyendo: no sólo queremos saber de qué crimen se trata o quién es el culpable, no podemos dejar de leer y acompañar a cada uno de los personajes, los tres que narran casi como en una confesión y los que son narrados, mientras un destino trágico se va imponiendo a cada uno de ellos, inexorable (novela negra al fin) como el avance de la construcción secreta e ilegal de la pista de hielo.
¿Quiénes son? Una joven y hermosa patinadora de nivel olímpico; un pobre mexicano que trabaja de vigilante nocturno en un camping (como el mismo Bolaño hizo) y se enamora de una chica enferma e indigente; un poeta chileno que administra un barsucho y un hotel; su ex esposa, idealista asistente social del municipio.
"Todos estamos acostumbrados a morirnos cada cierto tiempo", sentencia Enric Rosquelles, funcionario municipal encumbrado, vanidoso y autoreferente,"y tan poco a poco que la verdad es que cada día estamos más vivos". ¿Hay en el nombre de este personaje un chiste casi privado y bien argento del chileno Bolaño? No lo sé. Pero es él, precisamente, quien con mayor afán intenta enroscarnos a lo largo de su relato, como lo ha hecho con la bella patinadora de la que se ha enamorado, Nuria, como lo hace con su jefa y promotora, la alcaldesa Pilar.
Hay en esta novela, como en otras obras de Bolaño, cierta nostalgia del arte como sinónimo de valentía ética, valentía amorosa y valentía política que lleva siempre las de perder, no en vano dos de sus narradores son (o han sido) poetas y escritores latinoamericanos y son, cada uno a su modo, marginales; de crítica a la izquierda europea, vieja, aburguesada y mediocre; del periodismo mediático, que pretende erigirse en juez de todos; de peruanos, chilenos, mexicanos, argentinos, haciendo laburos de mierda para los ricos social-demócratas españoles.
Y mientras tanto, la trama avanza, con datos que envían hacia el pasado o brindan pistas hacia el futuro (el real y el deseado), en esta red de amores y desamores, amistades que han perdido su sabor y la vida turística en las calles y el camping de Z.
Ganadora del premio de Narrativa Ciudad de Alcalá de Henares en 1993, , ha sido reeditada por Anagrama en 2009, 200 páginas.

Enlaces interesantes acerca de esta novela:


miércoles, 24 de marzo de 2010

Presentación libro Saberes:experiencias y debates reflexiones,


Hace unos días, fui invitada a la presentación de un nuevo libro de los investigadores del grupo Appeal (Alternativas Pedagógicas para América Latina), Saberes: reflexiones, experiencias y debates.
¿Qué decir? Además de la riqueza del debate teórico, gratificante en particular para quienes aun sin ser pedagogos nos hemos apropiado de algunas de sus categorías de análisis (¡el maravilloso descubrimiento, en especial, para quienes aun con ese origen y mandato, hemos huido por diversas, complejas y , probablemente aburridas razones, de la “academia” de los “saberes socialmente productivos” que nos han dejado como el pecho henchido y la autoestima, que puede ser también colectiva y no sólo individual, a la altura justa , ni muy alta ni muy baja, para emprenderla en el terreno de la política, la realidad, el día a día!), que gracias a algunos de ellos hemos descubierto, que no siempre estamos condenados a "morir de pedagogía" (como esa condena a aburrirse como cuando se escucha durante horas a un radical, algo que Dante, de haberlo conocido, hubiera colocado en alguno de los niveles de su Infierno), en fin , una foto de época más que interesante, esta de poder escuchar a intelectuales, docentes, dirigentes sindicales y legisladores nacionales, en ese ámbito —cálido e imponente a la vez, como icono de la cultura, diseñado, creo, por Clorindo Testa en un rapto de homenaje modernista a algunos de los mejores aspectos del siglo XX, con los "fantasmas" de Borges, Cortázar, Arlt, Rodolfo Puiggrós y tantos otros merodeando por los pasillos—, rodeados de la muestra de grabados de algunos de los más valiosos artistas de la historia del arte nacional.
Y a este famoso Castorina, que urde el gesto y la trama de lenguaje exacto para provocarnos, aun en esa hora tardía de una semana tan intensa, a pensar. ¡Pensar! ¡Pensar de otro modo, pensar lo que no hemos antes pensado, o no sabemos que hemos pensado o que somos capaces de pensar! ¡Y pensarlo con otros que lo hacen, y enseñan y comparten!
Y mientras la mirada se pasea, siempre curiosa, por los desnudos y los poderosos contrastes de las xilografías y las aguafuertes, escuchar a Marcela, su invocación del Sur hacia Norte, con esa tonada mexicana que en mí, no sé por qué —más bien, sí lo sé, pero acá no viene a cuento— me trae recuerdos de un país que no conozco y quizá no exista más que en los sueños que se han alimentado de relatos y palabras escuchadas a mis amigas argenmex —platiquemos harto bonito, me dice Vicky una noche, en la ya lejana adolescencia y yo le hubiera contestado, si no hubiera temido parecer muy bruta, ¿lo qué?—, a mis maestras argenmex, en particular a Adriana; al mejor escritor latinoamericano de los últimos años —chileno, mexicano y español, ¡ay, y argentino, si fuera acaso posible, por qué no!— el gran poeta y novelista y cuentista, Robert Bolaño, (Deux est machina).
Gracias, a todos, en particular a Adriana, Lidia, Marcela, y Ariel, por hacernos sentir, a los legos, tan cómodos y tan en casa, entre pedagogos e intelectuales de otras layas, saber que no somos sapos de otros pozos.



Puiggrós, Adriana (Dir.), Rodríguez, Lidia (Coord.)Saberes: reflexiones, experiencias y debates, Galerna, Buenos Aires, 2010.
Presentado en la Biblioteca Nacional, jueves 18 de marzo.

Huellas, semblanzas de vida de detenidos-desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado pertenecientes a la UNLP


Huellas es un libro que ayer presentó la Universidad de La Plata, publicado por su editorial y su Dirección de Derechos Humanos, escrito por más de 50 autores. El libro reúne una selección de semblanzas acerca de la vida, recuerdos, pinceladas que evocan a los detenidos-desaparecidos de nuestra Universidad.
Llegué por invitación de mi madre, quien me había comentado (ciertamente algo emocionada en su clásico estilo reservado castizo-entrerriano) que para este texto colectivo le habían pedido una semblanza de quien fuera su profesor allá lejos y hace tiempo, Silvio Frondizi. En las lineas de mi madre no sólo descubro su interpretación de Frondizi, sino también un aspecto de ella (joven alumna y militante de la Facultad de Derecho) que es difícil recuperar como hija, como no sea a través de la palabra, de lo que la palabra expresa y de lo que calla. Las huellas que en ella dejó impregnadas este maestro.
El libro es así: huellas, "señales que dejan los pies en la tierra por donde pasan"; la tierra: esta ciudad, la Universidad, los barrios, las fábricas, los corazones de quienes recuerdan. Sus testimonios. Siempre sesgados, incompletos, pero vivos.
Al final, también reseña el listado de los desaparecidos de la UNLP (más de 750), entre los cuales figura, entre otros, Chufo, por lo que también escribo estas líneas para compartirlas con mis amigos de esa familia tan querida que adopté casi como propia hace ya unos cuantos años.
Seguramente este trabajo se irá creciendo con los años, con nuevas colaboraciones, con recuerdos y aportes de otros amigos, ex alumnos, amantes, hijos/as, esposos/as, madres y padres que en esta oportunidad no participaron, por diversas razones.
Por ahora, aquí está, ya devenido objeto-libro, en una edición cuidada y de muy buena calidad, a punto de comenzar un recorrido de cuyas trayectorias no podemos saber más que lo que imaginemos o deseemos.

lunes, 8 de marzo de 2010

Falsa candidez


Hoy, mientras esperaba por más de dos horas en IOMA para autorizar una orden médica me dediqué a leer, hasta que un policía nos informó (amablemente, por cierto, el único amable) que se había caído el sistema y que no había nada más que hacer, pensé muchas cosas de la índole: con lo que me descuentan de IOMA estos hijos de puta y cada vez más burocracia; Scioli y la p...; pensé: con lo que se han afanado de esta obra social varios hdp de diversas supuestas ideologías (aunque la única auténtica de esa clase de gente es el dinero); con el miedo que tengo a los resultados de estos estudios; con los viejos y viejas que me rodean y no dan más de hacer colas. Despaché mi queja en el correspondiente libro de quejas, incrédula ante el hecho de la sucursal más grande de LP de la obra social más grande del país no tenga un sistema manual alternativo a un sistema tecnológico que, como todos, puede fallar y falla.
Luego, fui a tomar el micro en 7 y 42, esquivando los autos lujosos y mal estacionados de las mamás que llevan a los chicos a la escuela Lincoln, una de las más caras de esta ciudad, porque pretenden que allí reciben mejor educación (y, paradoja, no les enseñan con el ejemplo la educación cívica básica de las normas del tránsito). Y pensé Bruera y la p..., ¿cuándo vas a poner un par de inspectores de tránsito en lugares estratégicos?
Y justo, en el librejo que ando leyendo y me ayudó a sobrellevar las inútiles dos horas de espera, hablaba de cómo precisamente Lincoln, en honor del cual la escuela esta lleva su nombre, suspendió las garantías constitucionales y el hábeas corpus, obligado por la presión de la guerra civil o bajo esa excusa según quién lo interprete; en el otro libro que terminé hace unos días (Vida y destino): las colas interminables de las burocracias europeas de post guerra, liberales y comunistas; la falta de acceso a la salud en la potencia Norteamericana contemporánea, y la frase de Bellow que acude en mi ayuda, para poner las cosas en otra perspectiva menos iracunda,narcisista y quejumbrosa, referida a que en las sociedades contemporáneas (yo agregaría, para los sectores burgueses y altos) "esta liberación parcial de la lucha por la supervivencia hace cándidas a las personas" y antes, cuando afirma el narrador que le han reprochado que "nadie que fuese adulto tiene derecho a ser tan ingenuo"...
Entonces, aunque la salida más sencilla es la queja y la exigencia sin compromiso (muy diferente a la lucha por los derechos) "Scioli y la p..." o, "el Gobierno que sea y la p...q..", se me ocurre que aún hay la obligación de comprometerse con los asuntos de la polis; hacer el esfuerzo intelectual y ético de la reflexión que ponga las cosas en contexto (histórico, filosófico, político); recordar que "las grandes pasiones son antinomianas" (al decir de Ravelstein, protagonista de la novela homónima) y que, precisamente por eso, pretender agotar las discusiones políticas en cárceles de "buenas maneras" es, por lo menos, ingenuo.
De esa clase de ingenuidad burguesa que a todos nos atraviesa, lentos para la gratitud; indiferentes a las necesidades de la comunidad; incapaces de comprometernos en las intrincadas necesidades de la polis, atraidos por el carisma del orden (diría Ravelstein otra vez), como por espejitos de colores que nos corresponden sin luchar y sin intentar saber cómo es la cosa.

Ver: Bellow, Samuel, Ravelstein,Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 2007.

jueves, 25 de febrero de 2010

Ni Shagu Nazad!


Anochecía y caminaba en dirección al club Atenas, con la intención de entrar al acto en el que mejor ex Presidente que conocí haría su primer discurso después de una importante cirugía.
En las calles cercanas al club, los colores y la liturgia de los rituales políticos del peronismo, el clima festivo, marcado por el ritmo de jóvenes percusionistas, que tanto irrita a los que sabiéndolo o no, también participan de otros rituales que consideran más "evolucionados" y propios de elites más "educadas".
En la calle 58, los muchachos de un sindicato de taxistas organizaban sus banderas, estandartes de batallas no por cotidianas posiblemente menos duras que otras más legendarias. Después de todo, la vida para muchos (para todos) es una larga serie de batallas por vivir una vida humana en un mundo bastante inhumano. En sus remeras, sobre fondo blanco y estampada en verde, se leía el eslogan "Ni un paso atrás". Hundida en el mundo de Vasili Grossman, no pude dejar de rescatar la ironía. La consigna se originó, aunque los compañeros probablemente lo ignoraran, en la orden 227 de Stalin,l (popularizada como Ni Shagu Nazad!, Ни шагу назад!) a los defensores de la "sagrada tierra de Stalingrado". Esa misma tierra en la que millones de campesinos, obreros, intelectuales, niños y niñas soviéticos (rusos, calmucos, judíos, tártaros, gerogianos, etcétera) detuvieron al fascismo. Heroismo eslavo de los "ivanes"que la historia occidental parece haber olvidado bajo la mítica del Día D, protagonizada por los descendientes de francos y anglosajones. 2 millones de civiles muertos. 1 millón de soldados del Ejército Rojo y otros tantos alemanes y colaboracionistas (nacionalistas ucranianos y cosacos, entre otros). Antisemitas por tradición y por convicción. En ambos ejércitos, muchachitos reclutados cuando ni siquiera habían dado su primer beso. Militares veteranos de la Primera Guerra. Ancianos de las milicias populares. Jovencitas hambrientas con temor a ser violadas. Altos mandos comunistas, comisarios del pueblo. Mujeres embarazadas, niños de pecho, trabajadores de Octubre Rojo y del milagro de la industrialziación soviética. Periodistas, escritores, agricultores, prisioneros recién liberados de los gulag, fusilados "resucitados" a último momento y por milagro del campo de trabajo nazi. Viejas desdentadas y muchachas en flor.Ingenieros, científicos, comunistas fanáticos y dubitativos, críticos y opositores, peleando palmo a palmo por sus vidas, sus familias y su patria.
El nombre del fascismo, extendido ya hasta su apogeo, hoy se esconde bajo otros rótulos: el neoliberalismo es el nombre del Hitler que triunfó sin ganar la guerra, es el nombre de la suprema religión del capital y el dios dinero y la nueva raza elegida ya no es aria. No es la genética sino el capital financiero, que masacra y extermina por millones a los Untermenschen (subhumanos) sin pagar siquiera el costo del desprestigio sobre la sagrada tierra de Stalingrado que es América Latina, Africa, el mundo entero, casi. Haití es heredera de Stalingrado, bajo sus mismos escombros y hambre. La Villa 31 es Satlingrado. Chaco es Stalingrado.
Es insoportable la idea de vivir en un mundo que deba dar la orden 227 y fusilar a los que dudamos, los que tememos; los que quieren conservar su vida, y las de sus hijos, a cualquier precio (incluso, al de la vida de los otros, la renuncia a la justicia y a la dignidad.) En un mundo en el que sólo haya cabida para los fanáticos, los valientes y los desesperados.
¿Pero es posible vivir como seres humanos en un mundo en donde haya que seguir dando cada día grandes zancadas hacia atrás?